domingo, 13 de marzo de 2022

La guerra es mala para la salud (publicado en The Conversation)

¡Qué tiempos estos en los que es necesario decir obviedades para describir la situación en la que estamos! Que la guerra es mala para la salud es una obviedad, pero la invasión de Ucrania ordenada por Putin nos sitúa en ese punto.

Os traemos aquí, después de mucho tiempo sin publicar, lo último que hemos escrito para The Conversation: "La guerra es mala para la salud".

En ese artículo tratamos de mostrar que las guerras no afectan solo por la bajas militares, que también, sino también por los otros efectos sobre la salud:

- El desplazamiento de las poblaciones.

- El colapso del sistema de atención de salud.

- La facilidad para la transmisión de enfermedades.

- La afectación de la salud infantil.

- El impacto sobre la salud de las mujeres.

- El medio ambiente se verá afectado.

- El impacto de la guerra sobre la salud mental.

- El debilitamiento o anulación de las acciones que mejoran la salud.

Tras la publicación, también hemos tenido oportunidad de participar en el espacio "Salud a todo Twitch" de Granada Digital que organiza Joan Carles March donde se ha expuesto en directo estas consecuencias para la salud de la invasión de Ucrania.

Ojalá esta fuera la última vez que tuviéramos que volver a repetir que: "Este vuelve a ser también un momento para levantar nuevamente la voz y tomar conciencia de que guerras hay varias (demasiadas) e independientemente de quer intervengan países "grandes" o "pequeños", todas llevan aparejado sufrimiento, desesperación, enfermedad y muerte".




lunes, 29 de marzo de 2021

¿Se avecina otra ola de COVID-19?

Con este título podéis encontrar en "The Conversation" lo último que hemos escrito para esta plataforma de divulgación de la ciencia en español. 

En él se expone cuál es la situación en España en la actualidad. 

Y también cuáles son los riesgos que podrían facilitar la llegada de esa próxima ola: 
-El número de personas susceptibles. 
-Las variantes del virus. 
-El incremento de movilidad debido a las fiestas. 
-Las presiones económicas y la fatiga pandémica. 
-La saturación del sistema sanitario. 

La conclusión es que:
"Estamos mejor preparados, pero lo podemos hacer mejor. La vacunación podrá aliviar los efectos más graves que se han visto en anteriores olas. Pero no será suficiente si no hay cooperación de la sociedad en su conjunto". 

El enlace a este artículo es:

jueves, 31 de diciembre de 2020

¿El año de la epidemiología? Esperemos que no

Suele (o solía) ser frecuente que muchas personas se traben al decir la palabra: epi...¿qué? Y que digan cosas tan curiosas como epideRmiología, o epididimiologea. Pero, parece ser, que ya no. La mayoría ha aprendido hasta a deletrearla en este funesto año que ahora se acaba.

Algunos, ilusos ellos, creen que, por fin, este 2020 ha sido el año de la epidemiología. Se basan en que ya (casi) todo el mundo no sólo ha conocido y aprendido la palabra, sino que, incluso, creen saber lo que hacen aquellos que se dedican a la epidemiología. Y nada más lejos de la realidad. 

Hay mucha confusión, producto de una conjunción de exceso de información, sobrentendidos (y malentendidos), exceso de expectativas, ganas de que todo acabe y algo más. Tal vez un cierto sentimiento de "capacidad para saber de todo" con un par de tardes. Ese que, según el dicho, afirma que "de fútbol y de medicina todo el mundo opina" (hasta hay un blog con ese título). Ahora habrá que decir: "de fútbol, de epidemiología y de medicina, todo el mundo opina".

Y en el fondo lo que está indicando es que preponderan las opiniones y eso es señal de que algo no habremos hecho del todo bien, no ya solo en la epidemiología, sino en la ciencia en general. Porque no se transmite bien, no se llega con conocimiento asequible a la ciudadanía. Partíamos de muy bajo, pero podría haberse hecho mejor.

Es necesario seguir insistiendo, y este año que ahora empieza, vuelve a dar una oportunidad para ello. El interés por los asuntos científicos de la población persistirá, a la fuerza, pero persistirá ¿seremos capaces de hacerlo mejor?

Y ya puestos a pedir:

¿Veremos, por fin, creada, dotada y en funcionamiento la Agencia de Salud Pública estatal?

¿Existirán mejores condiciones de trabajo en salud pública y epidemiología?

¿Se dotarán los recursos necesarios para poder hacer frente a todas las crisis sanitarias (y al día a día de la salud pública)?

¿Se mejorarán los sistemas de información de salud pública y se integrarán con los asistenciales (y con los estadísticos y demográficos)?

Si esto fuera así, a lo mejor el próximo año sí que sería el de la epidemiología.

Recordemos que la FundéuRAE (Fundación del Español Urgente) ha elegido como palabra del año 2020 "confinamiento", no epidemiología. Y mientras, la Real Academia Española (RAE) sigue manteniendo en el diccionario su arcaica definición de epidemiología.

Mientras esto siga así, no puede considerarse este año el de la epidemiología. Nada que celebrar en el 2020. Mantenemos la esperanza en el/los año/s venidero/s.

Feliz nueva década (aunque no comience cronológicamente ahora)


Portada de la revista "Time": 2020 "The worst year ever"

viernes, 27 de noviembre de 2020

Los rebrotes, LeBron James y la Real Academia Española

Hace unos días la Real Academia Española (RAE) publicó su actualización de palabras de 2020. Es algo que suele tener bastante eco en los medios de comunicación y con razón. Se trata de aceptar nuevas palabras o de actualizar acepciones, lo que tiene su aquel. Y la RAE lo hace anualmente, con cierta celeridad.

En este año pandémico es lógico que encontremos una palabra tan novedosa, y tan usada, como COVID, definida como "síndrome respiratorio agudo producido por un coronavirus". También han encontrado hueco otras palabras, o nuevas acepciones, de palabras relacionadas con la pandemia como "coronavirus", "coronavírico", "desescalada", "confinamiento", "seroprevalencia" o "cuarentenar".

Afortunadamente, la RAE no ha actualizado dos palabras que, a nuestro juicio, se utilizan erróneamente, aunque también han tenido su espacio en este 2020: "rebrote" y "rastreador/a". El diccionario de la RAE sigue definiendo rebrote como "nuevo brote"; y rastreador o rastreadora como "que rastrea", siendo "rastrear" un verbo que tiene 7 acepciones, ninguna de ellas directamente ligada con la búsqueda y estudio de contactos de enfermos o infectados en el contexto de una situación epidémica.

La FUNDEU (Fundación del Español Urgente), en cambio, sí que ha entrado al trapo de los "rebrotes" e indica que "brote es un término más amplio, mientras que rebrote es más preciso, pues implica que ya se ha controlado y eliminado algún brote anterior. En la situación actual, es válido afirmar que vuelve a haber brotes en una localidad o que hay rebrotes o nuevos brotes en las últimas semanas. En suma, allá donde es adecuado emplear rebrote también lo es optar por brote, pero si se alude a un primer brote no es apropiado utilizar rebrote".

No estamos de acuerdo, desde luego, con el uso de la palabra "rebrote" como indicador de una situación de incremento de infectados, así sin más. Un ejemplo de este uso inadecuado, lo podemos encontrar en medios de comunicación que, sin rubor, relacionan un triunfo del equipo de Los Ángeles Lakers de LeBron James hace unas semanas con congregaciones masivas en distintos puntos de la ciudad angelina y lo titulan como "Deporte podría ser protagonista en rebrote de Los Ángeles".

Siguiendo con el astro del baloncesto, incluso se ha caído en el esperpento, como indicaba Isaías Lafuente, en su Unidad de Vigilancia Lingüística de la cadena SER, de que alguien llegue a decir, como se ha oído, la cantidad de "rebrotes" de LeBron James en el último partido que jugó en la NBA. 

Es de agradecer la urgencia de la RAE en acoger estas nuevas palabras o acepciones. Lo que no se entiende es el retraso que llevan con actualizar la definición de "epidemiología" en su diccionario. Allí sigue apareciendo como "tratado de las epidemias". Desde este blog llevamos ya más de siete años solicitando su actualización. Esto nos deja, literalmente, sin palabras.




viernes, 4 de septiembre de 2020

Letalidad y COVID-19

Recientemente hemos ampliado los horizontes divulgadores y nos decidimos a publicar algo en "The Conversation". Lo hicimos con la entrada titulada: "¿Por qué siguen creciendo los casos de COVID-19 pero no aumentan tanto los fallecimientos?". Y, la verdad, es que ha tenido bastante difusión.

Hubiéramos podido mejorar el título y tal vez algo así como "Crecen los casos de COVID-19 ¿crecerán también los fallecimientos?" hubiera sido más apropiado para las fechas en las que se publicó la entrada (19 de agosto de 2020), pero el directo es lo que tiene y, a veces, no se acierta a la primera.

Aunque resultó una entrada muy extensa en número de palabras (mea culpa) todavía se quedaron cosas en el tintero y, por eso, tal vez sea interesante para alguien rescatar aquí un párrafo que se quedó colgado y no se publicó. Tiene su interés cuando se habla de letalidad relacionada con la COVID-19. Hace referencia al "experimento natural" en un crucero. Este era el párrafo:

"[...] ha habido, en todo el mundo, una dificultad para establecer la auténtica letalidad en esta enfermedad. El “experimento natural” más conocido que puede permitir conocerla, aunque en unas circunstancias ciertamente peculiares, es el del crucero “Diamond Princess”. En esta situación singular, con una población cerrada y un 58% de la misma mayor de 60 años, se estimó que la tasa corregida de letalidad por caso confirmado fue del 2,6% (con un intervalo de confianza del 95%, IC95%, entre 0,89% a 6,7%), y la de letalidad por caso infectado fue del 1,3% (IC95% 0,38% a 3,6%). Pero eso fue considerando todos los grupos de edad, porque para las personas de 70 y más años estos valores fueron: 6.4% (IC95% 2,6% a 13%) y 13% (IC 95% 5,2% a 26%), respectivamente.
Las circunstancias en ese crucero no son iguales a las que se han vivido en los diferentes países ya que los aspectos apuntados (casos identificados, casos fallecidos, tiempo y otras circunstancias) han ido variando en poblaciones abiertas y con movilidad e interacciones entre personas que también se han modificado en los meses transcurridos desde que se inició la pandemia".

Ahora todo lo que se escribió ya es público. Esperamos también que sea de alguna utilidad.

Y conviene que no olvidemos el último párrafo de aquella entrada:

"En cualquier caso, lo que no puede olvidarse es que, si los casos continúan aumentando, se incrementa también la probabilidad de que dejen de actuar todos los factores que han jugado un papel en la limitación de la letalidad. Y eso nos llevaría de nuevo a la situación que ya se vivió en primavera. O incluso a una que podría ser peor, porque el virus no ha cambiado sus características, ni la infección deja de tener la misma gravedad potencial".



miércoles, 12 de agosto de 2020

La novena, la pandemia y la salud pública

Se dice que existe una "maldición" por la que los compositores de música llegan, como mucho, hasta su novena sinfonía, pero que ninguno llega a la décima. Así le pasó a Beethoven que, aunque anunció que la tenía esbozada, murió pocos días después de ese anuncio sin acabarla. Para este año 2020, en el cual se celebra el 250 aniversario del nacimiento del genial compositor, se había anunciado el estreno el pasado mes de abril de la hipotética "Décima de Beethoven", compuesta a partir de las anotaciones mencionadas por el compositor y elaborada por expertos en inteligencia artificial, musicólogos y compositores.
Parece que esta décima sinfonía, así elaborada, no despierta entusiasmos (véase "La Décima de Beethoven: una sinfonía sin alma"), pero esa no ha sido la razón por la que se ha pospuesto su estreno. Ha sido, cómo no, la pandemia la que lo ha impedido. Como tantas otras cosas.
Y es que este 2020 ya no será recordado, desde luego, por ser el año Beethoven, sino  por ser el año en que una pandemia cambió las vidas de todas las personas del mundo. Un año en el que se está hablando mucho de epidemiología, y se seguirá hablando. No necesariamente con conocimiento de causa, pero eso es inevitable: lo que afecta a todo el mundo, interesa lógicamente a todo el mundo y, aunque se carezcan de conocimientos, no se carece de opinión.
¿Ha estado a la altura la epidemiología? Para responder a esta pregunta también aparecerán muchas opiniones. Y, aunque depende de la perspectiva que se adopte, en general puede decirse que la epidemiología, como le ha sucedido a la salud pública en su conjunto, ha ganado en visibilidad, qué duda cabe, aunque no necesariamente en prestigio. En este sentido es muy reveladora la lectura de la editorial escrita por Ildefonso Hernández y Ana María García para Gaceta Sanitaria con el título "¿Será mejor la salud pública tras la COVID-19?". Y conviene que nos vayamos aplicando lo que allí dice, que no es otra cosa que una llamada a todas las personas comprometidas con la salud pública a "empujar" cada uno desde su posición. Y sería bueno añadir que esto es algo que no sólo incumbe a las personas que se dedican profesionalmente a la salud pública y a la epidemiología.
Es importante que una de las lecciones de esta pandemia sea que la salud pública nos importa a todos porque a todas las personas nos afecta. Y que la profesión, las instituciones, las actividades y las actuaciones de salud pública necesitan estar más reforzadas y menos precarizadas.
En caso contrario ocurrirá como con la décima sinfonía: será inacabada y, aunque llegue, que ya debería haber llegado, la inteligencia artificial en su ayuda no sabemos si será capaz de decir cómo tenia que haber sido, pero seguro que no sigue el camino orientado por el conocimiento y la evidencia y sin la necesaria integración podría llegar a componer una "sinfonía de la salud pública" también sin alma, como esa "Décima" que se estrenará.
Y acabaremos diciendo que esta es también la novena entrada de aniversario de este blog. Esperamos que, en este caso, sí que llegue la décima. Como siempre, es necesario agradecer a todas aquellas personas que se detienen un rato en la lectura de lo aquí escrito, algunos ya lectores desde hace 9 años.


domingo, 10 de mayo de 2020

Esto no es una opinión sobre covid-19

Durante estos últimos meses hemos oído decenas, centenares, miles, multitud de opiniones sobre la pandemia de COVID-19 y los asuntos relacionados con la misma. Así que lo primero que tratamos aquí de dejar claro desde el principio, ya en el título, es que esto no es una opinión sobre la misma. Pero sí que se trata de un texto personal y por tanto subjetivo. Sirva este párrafo como "disclaimer".

Hay que empezar diciendo que nadie ha acertado plenamente, ni los que dijeron que era algo más o menos como un catarro ni los que anunciaron una catástrofe ya en el mes de enero y, en ambos casos, con pocos o ningún argumento, sólo con evidencias anecdóticas. Es fácil decir que todo va a ir mal o que todo va a ir bien y no apoyarlo en ningún argumento válido. Puede ser que la situación sea una u otra y ya está, y eso otorgue la razón o la quite, pero eso no es acertar. Se llama azar.

¿Por qué no se actuó de otra manera a la luz de los datos que se tenían? Seguramente la actuación ha venido marcada por los análisis que se hicieron y ha sido también debida a la experiencia previa. No es el primer coronavirus que ha infectado con gravedad a la especie humana (los agentes causantes del SARS y del MERS también son coronavirus) y seguramente esa experiencia en su control y extensión hizo que se pensara que, aunque grave, podría ser controlado en su extensión (reconozco que quien esto escribe participaba de esa idea al principio), algo que venía avalado además por cómo se controló al principio. Pero el informe de la Comisión que la Organización Mundial de la Salud (OMS) envió a China (16-24 de febrero) ya indicaba que la COVID-19 no era como el SARS ni como la gripe. Otros han hecho hincapié en que la calidad y la lentitud de los datos proporcionados por China han impedido una actuación más precoz. Y pese a que se sabe que la primera reacción en aquel país fue la de no favorecer la difusión de la información, poco después si fue posible disponer de datos de lo que estaba sucediendo, hasta el punto de que muchos países han usado lo que se publicó entonces, y siguen usándolo. Y si se analiza ahora a la luz de los análisis detallados que se han hecho en otros países y de cómo se ha difundido la información en los mismos, la visión es posible que cambie. Así que, tal vez, sería conveniente no criminalizar a nadie. Tiempo habrá para ver qué se hizo, de qué se informó y cuándo y cómo se utilizó esa información.

La situación ha devenido muy compleja porque este virus no se ha comportado como otros coronavirus que se conocían. Ha sido diferente la transmisión a través de los asintomáticos o presintomáticos, la letalidad, la gravedad en determinadas personas más vulnerables debido a la concurrencia de otras patologías,  la coexistencia de cuadros clínicos de extrema severidad con cuadros clínicos muy leves, o la ausencia de respuesta de los fármacos antivirales disponibles.

También hay que destacar su afectación en la comunidad. En España, durante el mes de febrero, los casos que se fueron presentando lo hicieron en forma de brotes que pudieron ser seguidos, estudiando a todos los contactos y controlando la extensión, en un trabajo poco reconocido de las unidades de vigilancia en salud pública (hasta el punto de que ahora se habla de "rastreadores" como si fuera algo nuevo, nunca antes hecho). En un determinado momento, a principios de marzo, la situación cambió debido a la extensión de la transmisión comunitaria y al hecho de que comenzó o se incrementó la afectación de dos instituciones clave: los hospitales (que ya habían sido afectados en febrero en algunas localidades concretas) y las residencias de personas mayores, que concentraban a una alta proporción de población vulnerable. Este último aspecto resulta de capital importancia porque, según  parece, no se había dado en China en la misma magnitud, seguramente porque, debido a sus altos costes, se estima que en ese país hay menos personas ancianas en residencias que en Europa o Norteamérica, o al menos eso informaba el Financial Times en enero de 2020. Y, aunque el informe de la OMS de febrero mencionaba las instituciones cerradas, no era taxativo en el papel que pudieran estar jugando ya que decía que se requería más estudio. Hay que reconocer que nadie se centró en Europa, al comienzo, en resaltar este aspecto que ha resultado clave, sobre todo en la gravedad.

Se pueden seguir analizando otros aspectos, pero lo importante sería que se hiciera desde la argumentación y no desde la opinión. Ahora han surgido epidemiólogos de salón o de sillón, "COVID-influencers", tertulianos varios y todo tipo de opinadores que nos ilustran diariamente (o incluso con mayor frecuencia) sobre cualquier tipo de concepto epidémico o epidemiológico (sin distinguir siquiera la diferencia entre estos dos términos) y sobre cualquier cosa que tenga que ver con la pandemia. Por eso, esto no quiere ser una opinión. La situación es compleja, tiene muchas vertientes y es difícil de interpretar, incluso teniendo algún conocimiento, y científicamente contrastado, lo que no siempre es posible.

Pero, y tal como dice una frase de Fernando Aramburu (de su libro "Autoretrato sin mi"): "infinito es el número de las bifurcaciones, pero a la postre el trayecto solo es uno". Así que, pese a las diferentes interpretaciones, pese a los opinadores, el trayecto será solo uno.

Personaje interpretado por Jude Law en la película "Contagio"

sábado, 1 de febrero de 2020

Coronavirus: evidencias y eminencias

En las últimas horas hemos tenido la oportunidad de ver como un eminente (de eminencia) cirujano utilizaba el argumento de autoridad (su conocimiento de la situación en China porque tiene dos hijas adoptadas y el hecho de ser un conocido, y bien valorado, cirujano) para ilustrarnos acerca de la situación del coronavirus en el mundo (mundial, por supuesto), en lo que podríamos considerar un ejemplo de medicina basada en la "eminencia".

Al margen de que se pueda considerar que las autoridades chinas no han sido todo lo diligentes y transparentes que la situación requería en el comienzo de este nuevo caso de situación epidémica, es necesario recapitular, a raíz de esta, llamémosle, anécdota mediática, sobre la conveniencia de que la información fluya por los canales adecuados, de manera oportuna y apropiada y adaptada, porque la desconfianza es fácil de instalar y, a continuación viene la alarma y el miedo, algo que sí que es realmente contagioso.

Ayer también se recordaba en la prensa especializada, con declaraciones de José Martínez Olmos, que en la gestión de la pandemia de gripe de 2009 fue posible realizar una comunicación adecuada en una situación de crisis. Una de las cosas que se recordaba en ese artículo es que uno de los errores que se cometen con cierta frecuencia en las crisis sanitarias es que quien habla no sea un experto en la materia, matizando que existe un espacio para que hablen los responsables políticos y otro para los expertos. Y también se decía que otro error es que, a veces, se recurre más a preguntar a clínicos que a epidemiólogos, y es necesario saber que cada cual tiene un ámbito que domina y en el que se puede recurrir a su experiencia. No todos los médicos pueden saber de todo, por muy eminencia que sean en su campo. Y, es necesario recordar también que, en algunos casos, personas que no son médicos o médicas pueden ser expertas en la gestión de determinados aspectos de una crisis sanitaria.

Cuando en 2014 la situación creada por la enfermedad del virus ébola en África occidental generó una desconfianza tal en España que el hashtag #vamosamorirtodos sí que se hizo viral, ya tuvimos ocasión de escribir la entrada "Los mensajes en los tiempos del Ébola" y posteriormente, apenas un mes después, otra titulada "¿Os acordáis del Ébola?". En aquella ocasión, en solo 4 semanas, pasamos de "morirnos todos" a no acordarnos de que existía. Y tan lejos como el pasado mes de septiembre, volvíamos a escribir una entrada ("Comunicación en las crisis de salud pública: lecciones veraniegas") para poner de manifiesto la importancia de la comunicación en estas situaciones que, en ese caso, vino motivada por la crisis de la listeria.

Generar desconfianza, por bien intencionado que se sea (presuponiendo que exista esa buena intención en el mejor de los casos), solo puede causar confusión y hacer crecer los bulos (consultad los bulos que Maldita.es ha ido recogiendo, y rebatiendo, sobre la situación actual con el coronavirus) que en esta época de "fake news" se multiplican con rapidez ya que hay personas predispuestas a difundirlos sin corroborar su veracidad.

Hay una importante responsabilidad de las autoridades sanitarias para sacar adelante de manera adecuada, y con beneficio para la población, cualquier situación epidémica que pueda devenir en crisis, pero también existe esa responsabilidad en cualquier profesional de la salud en, al menos, no empeorarla, y en los medios de comunicación o en los divulgadores y comunicadores científicos para no caer en el espectáculo frente a la información seria, rigurosa y contrastada.

Por cierto, para quienes quieran seguir la información más reciente, la cuenta de Twitter @SaludPublicaES está manteniendo una actualización frecuente de las noticias contrastadas sobre el coronavirus y ha llegado a un acuerdo con Twitter para aparecer en las búsquedas que se realicen al respecto. Es un paso en la buena dirección. Menos medicina basada en la eminencia y más salud pública basada en la evidencia.




sábado, 25 de enero de 2020

A ver si va a ser que lo que no gusta es la salud pública

Se trata de una historia ya vivida, por desgracia. Siempre se dice que es una "reorganización" administrativa, que no se van a  perder puestos de trabajo, que era un "chiringuito", que solo los "enchufados" acceden a sus cursos, que no hay de qué preocuparse, y así....

Lo vivimos igual en la Comunitat Valenciana, primero con el "Institut Valencià d'Estudis en Salut Pública" (IVESP) y después con el Centro Superior de Investigación en Salud Pública (CSISP). Y los argumentos (casi) siempre son parecidos. Como lo estamos viendo ahora con la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP).

Y, desde luego, no creo que sea casual que todas estas instituciones llevaran (o todavía lleven, como la EASP) el título "Salud Pública" en su nombre oficial.

Tras la "reorganización", en la Comunitat Valenciana, la entidad que sucedió al IVESP, llamada "Escuela Valenciana de Estudios en Salud" (EVES), ya sin "Pública" en su nombre, se convirtió, y ahí sigue, en una especie de academia o centro de enseñanza que sí, que organiza cursos, pero con enormes dificultades para ver un hilo conductor de los mismos, para transformar la situación, en realidad. Y la investigación en salud pública, que era el santo y seña del CSISP, se diluyó en la actual FISABIO.

Así que, tal vez sea la salud pública lo que no guste a determinadas formas de entender la gestión, o la política, o ambas cosas a la vez.

Rafa Cofiño lo ha explicado muy bien en la entrada "La desaparición de la salud pública" en su blog Salud Comunitaria. Así que poco podría añadir yo aquí que no se haya dicho ya al respecto.

Así que es momento, una vez más, por desgracia, de levantar la voz, el ánimo y la pluma de firmar para decir que no, que no se trata de "reorganizar" sino de desmantelar. Y que nada de lo que sucedió en el pasado ha tenido mejor continuación en el presente. Que la salud pública tiene futuro, porque ya tiene presente, más precario de lo que era, es verdad, pero que no nos lo arrebaten. Y al decir "nos" no me estoy refiriendo a profesionales, salubristas, academia y demás, sino a la población, a toda la población, que eso es lo que quiere decir "pública". No es casual que quieran quitarla del nombre.

Y si os animáis, porque tenéis ánimo, podéis firmar la carta abierta al Presidente de Andalucía o también la carta abierta al Consejero de Salud y Familias de la Junta de Andalucía, o la petición de change.org por la no extinción de la EASP. O todo a la vez, porque cuantos más seamos, más fuerte será la salud pública, o menos debilitada estará.

Y recordad:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.»



martes, 31 de diciembre de 2019

A disfrutar de las fiestas (si se puede, queridos yernos y nueras)

Las comidas y cenas de estos días navideños están llenas de alegrías, reencuentros y, también en ocasiones, de sinsabores. Los cuñados suelen ser los que pagan el pato como culpables de estos últimos, pero no se ha hablado tanto, al menos en España, de otros familiares.

Recientemente, un grupo de investigadores holandeses que trabajan sobre la microbiota intestinal, han publicado un trabajo titulado "The effect of having Christmas dinner with in-laws on gut microbiota compositionen el que nos vienen a decir que cenar con los suegros en Navidad (o en Nochevieja) y pasar con ellos una temporada en estas fechas no es tan inocente como se podría pensar.

Y es que su conclusión es que los suegros son un factor de riesgo potencial para la composición de la microbiota intestinal y, subsiguientemente, para la salud del huésped. Aunque, es cierto, que aclaran que necesitan un estudio controlado aleatorio más amplio para reproducir sus hallazgos.

Así que, ya sabéis, queridos yernos y queridas nueras, hay que pensárselo un poco antes de emprender el camino a casa de los suegros. Pero lo que sí que está claro es que la relación familiar, sana, voluntaria y dosificada, es buena para nietecillos, para abuelos y abuelas, y debería serlo también para yernos y nueras, siempre que no sea "obligatoria".

Disfrutad del comienzo del año y que estos sean unos felices 20.


domingo, 10 de noviembre de 2019

Y el muro todavía sigue cayendo

Hace ahora 5 años, escribimos una entrada titulada "Cayó el muro ¿cayó algo más?", en la que concluíamos que, en general, en Europa, a nivel subnacional (NUTS2: regiones; NUTS3: provincias o condados), se veía que en Alemania, 25 años después de la caída del muro y la reunificación (¿o la absorción?), al mirar los resultados de los indicadores de salud, éstos eran peores en la parte oriental de Alemania, la antigua República Democrática Alemana (RDA), que en la parte occidental, la antigua República Federal Alemana (que también es la actual).

Ahora, que se conmemoran los 30 años de esa efeméride, hemos querido volver a ver si algo había cambiado y vemos que, en algunos casos, hay indicadores que ya no muestran esa diferencia. Es interesante revisar el artículo titulado "Convergence between East and West Germany as Reflected in long-term cause-specific mortality trends" de Pavel Grigoriev y Markéta Pechholdova en el European Journal of Population.

Este artículo, bien documentado y en el que se resaltan aspectos metodológicos necesarios para comprender bien la comparación, remarca los aspectos de convergencia, indicando que el progreso alcanzado en Alemania del Este ha sido más rápido que en otros países poscomunistas, pero que la RDA tenía una mejor posición inicial que otros, con niveles de mortalidad más favorables.

En cualquier caso algunas diferencias persisten, ya que, de acuerdo a los datos del "Eurostat Regional Yearbook 2019" la diferencia en la media de edad es llamativa, en el sentido de que en el este de Alemania la población está más envejecida que en el oeste. Pero también es verdad que la diferencia fundamental se ve mucho más con respecto a Polonia o República Checa.

Las desigualdades en salud, como puede seguir viéndose, son ubicuas, enormes, graduales, crecientes, adaptativas e históricas (Benach y Montaner, 2005). Y no solo se producen entre los más pobres, aunque la pobreza es, en muchas ocasiones, relativa. 


http://ec.europa.eu/eurostat/statistical-atlas/gis/viewer/?config=RYB-2019.json&mids=BKGCNT,C02M05,CNTOVL&o=1,1,0.7&ch=POP,C02&center=52.04759,29.53496,3&lcis=C02M05&

viernes, 1 de noviembre de 2019

Lo que los muertos enseñan a los vivos

Todos tenemos alguien a quien recordar en el día de los difuntos, pero casi ninguno recordamos que los muertos siempre han enseñado a los vivos. "Mortui vivos docent", se puede leer en el frontispicio de muchas, o todas, las salas de disección donde los estudiantes de ciencias de la salud comenzaron a aprender anatomía, es decir: "los muertos enseñan a los vivos".

Y cuando llega este día de difuntos, y en estos días en los que, al fin, han sido noticia también las exhumaciones, encontramos algo apropiado en la prensa, donde los muertos enseñaron a los vivos la manera de proceder. Nos habla de "La epidemia que sacó a los muertos de las iglesias" que se refiere a la "peste de Pasajes" como el origen de la norma que, en España, prohibió los enterramientos en las iglesias en 1787. La investigación de la que parte la noticia fue presentada en el pasado congreso de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) en una mesa espontánea, coordinada por Adrián Hugo Aginagalde (@_AdrianHugo), y titulada "Epidemiología histórica de las enfermedades transmisibles, de la peste negra a la gripe rusa". Y es importante darnos cuenta de que la desigualdad ante la muerte, mencionada en ese trabajo ("afectó más a pobres que a ricos") se perpetúa tras ella, también en los enterramientos, en las iglesias o fuera de ellas, como ya cantaba María Dolores Pradera en "Primera, segunda y tercera" (de Humberto Galindo):

Pues ahí también hay distinciones
ni de muerto te escapas siquiera,
dividieron también los panteones
en primera, segunda y tercera


La iglesia católica prohibió en el Código de Derecho Canónico, de 1983, las inhumaciones dentro de los templos, y lo justificó, precisamente, en el intento de acabar con las desigualdades, pero quedaron fuera de la prohibición los terrenos adyacentes a las iglesias, casualmente muchas criptas.

Las formas de morir van cambiando con el tiempo, las causas de defunción también, como tuvimos ocasión de acreditar en "Treinta años de evolución de la mortalidad en la Comunitat Valenciana", pero la desigualdad que lleva a la muerte, y la que se produce después, permanece. Ya tuvimos ocasión de dejar constancia de ello en la entrada titulada: "Dime dónde vives: barrios y salud (reflexión desde el siglo XIX)"

Tumba del noble Lopo Fernandes Pacheco en la Sé de Lisboa

domingo, 1 de septiembre de 2019

Comunicación en las crisis de salud pública: lecciones veraniegas

Este verano será recordado, entre otras cosas, por ser el de la Listeria. Algo de lo que muchas personas no habían ni oído hablar hasta ahora y que, de pronto ha saltado a la conversación coloquial y, lo que es peor, a los bulos y rumores sin contrastar.

Y no, no vamos a hablar aquí de lo que es este microorganismo, ni de cómo ha evolucionado el brote, ni de su origen (información que se puede encontrar en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN o en el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, CCAES, del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social)  ¿Y entonces, de qué se va a hablar? Pues de la comunicación y de cómo se traslada lo que se sabe, y lo que no, a la población y a los medios.

Tenemos ya en la historia "reciente" de este país una amplia experiencia en tratar situaciones de crisis en salud pública, y podemos empezar, por no irnos más atrás, por el síndrome tóxico (el aceite de colza), que fue uno de los ejemplos de mala comunicación por parte de las autoridades sanitarias (¿recuerda alguien lo del "bichito que si se cae de la mesa se mata" y el "problema importante, pero no grave"?). Y podríamos seguir por algunas otras crisis, o no tan crisis, pero en su aspecto comunicativo pueden seguirse a través de los sucesivos Informes Quiral. Y si algo hemos aprendido, es que tenemos suficiente capacidad técnica para hacer frente a estas crisis y que se había empezado a tener suficiente capacidad de comunicación de las mismas, algo que se aprendió (a trompazos) con motivo de la crisis del Ébola en 2014.

Una de esas cosas aprendidas es la decisión de quién informa, para lo que se necesita que sea una persona que tenga conocimientos técnicos suficientes ("expertisse") y autoridad. Ahora, en el caso de la Listeria, se focalizó en un médico de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, y la experiencia en el tratamiento de estas enfermedades la posee y contrastada, pero ha generado algunas controversias (ser un médico clínico y de hospital y no de la red de vigilancia epidemiológica, la discusión que se ha suscitado al hilo de las especialidades médicas). En cualquier caso su labor comunicadora puede considerarse acertada. Pero ya ha comenzado el discurso a otro nivel, y en ella se han implicado los responsables no técnicos y ahí la comunicación ya está empezando a desbarrar (mejor no hablamos del "nuevo relato en el combate de la listeria en España y en el mundo"). Eso, seguimos sin haberlo aprendido bien, porque se traslada incluso a crisis institucionales de competencias y, por supuesto, al ámbito del rifi-rafe político. Hay que recordar que ya en el informe Quiral de 2014 se decía que: "De la misma forma, quien ostenta un cargo de autoridad (Consejería, Ministerio o incluso Presidente del Gobierno, según la gravedad del caso), si no sabe dar respuestas expertas lo que genera es desconfianza y alarma".

Y sin finalizar el mes de agosto, saltaba una nueva alerta, esta por intoxicación alimentaria por toxina botulínica asociada al consumo de conserva de atún en aceite de girasol. La información de la AESAN hacía referencia a 4 afectados con consumo el día 9 de agosto y con confirmación de la presencia de la toxina el día 29 de agosto. La empresa de supermercados DIA, comercializadora del producto, retiró el producto de la comercialización el día 10 de agosto (según informa un comunicado de esta empresa). Y la conservera Frinsa, fabricante de la conserva, en su comunicado, indica que sólo ha afectado a una única lata, de un único lote y que los análisis del resto del lote han resultado satisfactorios.

Esta alerta no ha alcanzado la categoría de crisis, pero también permite algunas consideraciones, de las que se puede seguir aprendiendo. Ha resultado curioso como, por ejemplo, en algunos medios se ha denominado "botox" al causante de la contaminación, aunque luego se ha rectificado (siendo cierto que el botox es toxina botulínica, no es apropiado denominarla así en este caso). Un usuario de Twitter, @CharlieTorres, informaba de que la lata afectada es de 900 gr, pero en las noticias aparecían imágenes de latas mucho más pequeñas y además indica que le ha parecido que las informaciones de los medios eran excesivamente alarmistas.

La conclusión, después de este "agitado" mes de agosto (y eso que no hemos hablado de la crisis del minoxidil-omeprazol), es que todavía nos queda para avanzar en la comunicación de las crisis sanitarias y de salud pública y que se sigue requiriendo trabajar este aspecto y resaltar la importancia del mismo. Las crisis no aparecen todos los días, afortunadamente, pero siempre habrá alguna en el horizonte y los responsables políticos, por muy sanitarios que sean, deberían conocer esto, que todavía no se estudia de manera reglada en los curricula académicos (salvo excepciones). Y se debería trabajar más en contacto con los medios de comunicación, teniendo preparada, por parte de los técnicos de vigilancia, los que trabajan de verdad y bien esforzadamente en cada crisis, una información simple pero adecuada para poder facilitar rápidamente a los medios.

Terminamos con las diez premisas básicas acerca de la comunicación en una crisis, según Mónica Niño Romero, en su página Comunicación Activa
  1. Debe ser un portavoz autorizado.
  2. Debe haber una sola fuente oficial.
  3. Así nos adelantamos a otros testigos o fuentes secundarias.
  4. Escuchar y pensar antes de declarar.
  5. Responder siempre, no decir ‘sin comentarios’.
  6. No ver a los periodistas como enemigos, sino como aliados.
  7. Periodicidad, regularidad y cumplimiento de plazos a la hora de informar.
  8. Preservar la intimidad de las víctimas de lo ocurrido.
  9. Humanizar el incidente y sus consecuencias.
  10. Transmitir serenidad y seriedad con calma y con una voz tranquila.

lunes, 12 de agosto de 2019

¿Qué crees qué es la epidemiología? Ocho años ya en esto

Casi todos los años celebramos, tal día como hoy, el aniversario del blog recordando nuestra primera entrada, El futuro de la epidemiología, una que fue corta e inaugural. En este octavo "cumpleblog" volvemos nuevamente al inicio y a preguntarnos ¿qué es la epidemiología?

Eso es lo que han hecho los autores del artículo What is epidemiology? Changing definitions of epidemiology 1978-2017 (Frérot M, Lefebvre A, Aho S, Callier P, Astruc K, Aho Glélé LS (2018). PLoS ONE 13(12): e0208442). En él vuelven sobre el artículo de Lilienfeld de 1978 (Lilienfeld DE. Definitions of epidemiology. Am J Epidemiol. 1978; 107(2):87–90), en el que ya trataba de encontrar la definición apropiada de lo que es la epidemiología. 

Estos autores han encontrado ahora 102 definiciones de epidemiología, en el período entre 1978 y 2017, buscando sólo en idioma inglés. En ellas pudieron identificar 20 términos y conceptos relacionados con la epidemiología. La mayoría de ellos ya se usaban en las definiciones que analizó Lilienfeld en 1978. Cinco términos estuvieron presentes en más del 50% de las definiciones del período 1978-2017: "población", "estudio", "enfermedad", "salud" y "distribución". Los autores destacan que se han fortalecido los términos "control" y "salud" mientras que el concepto de "enfermedad" se encontró con menos frecuencia. Los conceptos "enfermedades infecciosas" y "fenómeno de masas" ya no se utilizan en las definiciones que aparecieron entre 1978 y 2017. También les llama la atención que esta evolución de las definiciones está ausente de los libros de epidemiología.

Así que, ya sabéis, seguimos sin tener una definición "canónica", pero ya sabemos que debería contener, para el momento actual del conocimiento de la disciplina.

Mientras tanto, deberíamos seguir pidiéndole al Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española que cambie su ya muy anticuada definición de lo que es epidemiología, ya que allí sigue figurando: "tratado de las epidemias".

Y, si no, os recomendamos que reviséis las muy ingeniosas camisetas con mensaje epidemiológico que nos ofrece el mercado. No serán canónicas, pero son divertidas.



miércoles, 31 de julio de 2019

Sanidad, competencias y marías

Hoy justo se cumple un año desde la entrada en vigor del Real Decreto Ley 7/2018 de 27 de julio, sobre el acceso universal al Sistema Nacional de Salud. Y hoy también algunas organizaciones se han manifestado a las puertas del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para reclamar que se vaya más allá y nadie se quede atrás de la universalización y no hayan casos de exclusión (véase Un año de la "recuperación de la sanidad universal": las organizaciones documentan 1.358 casos de exclusión).

Y todo esto ocurre una semana después de que hayamos asistido a una negociación, casi (o sin casi) en directo, sobre puestos gubernamentales en los que el citado Ministerio era una de las ofertas que fue rechazada en primera instancia, luego aceptada, más tarde negada como "moneda de cambio", en fin..... Pero lo que más ha indignado, amén de otras cosas, ha sido la calificación como Ministerio vacío de competencias y escaso valor y adjetivándolo de "maría" (tal vez sea necesario explicar en algunos ámbitos o territorios lo que son las "marías": según la 4ª acepción del diccionario de la lengua española, una "maría" es "una asignatura que no requiere esfuerzo por parte del alumno para ser aprobada", es decir una asignatura "fácil" y por extensión, aquello para lo que no merece la pena esforzarse, ni da lucimiento).

Pues bien, como puede verse por lo de hace un año y por lo de hoy, no todo el mundo considera una "maría" a ese Ministerio que afecta a la vida de todos los españoles. Algunos han escrito, de manera sobresaliente, "10 cosas que hacer con un ministerio que no sirve para nada", a lo que solo podemos añadir lo que escribimos hace ahora casi 14 meses en la entrada "9 para mejorar la salud" en la que nos hacíamos eco de las peticiones de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) al entonces nuevo gobierno.

Negóciese lo que se quiera (y se sepa y se pueda), pero no se juegue con algo que condiciona las políticas de salud, que puede servir para mucho más de lo que sirve y que siempre está necesitado de un buen timón y de personas que sepan maniobrar y llegar a consensos con todas las comunidades autónomas (por cierto, añádase lo de reformar el funcionamiento del Consejo Interterritorial del SNS como otra cosa necesaria).

Y dejemos las "marías" para mojarlas en el café con leche.

  

domingo, 21 de julio de 2019

Ébola en Congo: hacen falta recursos

El 17 de julio pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote de enfermedad por virus ébola (EVD, en sus siglas en inglés) en la República Democrática de Congo como una emergencia de salud pública de importancia internacional.

Y esto ¿qué significa? Según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI) de 2005 una emergencia de salud pública de importancia internacional es un evento extraordinario que se ha determinado que constituye un riesgo para la salud pública de otros Estados a causa de la propagación internacional de una enfermedad, y podría exigir una respuesta internacional coordinada. Según el RSI, esta definición implica que la situación es:
  • grave, súbita, inusual o inesperada
  • tiene implicaciones para la salud pública que van más allá del Estado afectado y
  • puede necesitar una acción internacional inmediata.
El informe en que se basa esta declaración, titulado "Statement on the meeting of the International Health Regulations (2005) Emergency Committee for Ebola virus disease in the Democratic Republic of the Congo on 17 July 2019está accesible en la página de la OMS, y en él se revisa la situación actual del brote, especificando que el riesgo permanece muy alto a nivel local y regional pero es todavía bajo a nivel global, y que la intensidad de la situación epidemiológica es fluctuante con alrededor de 80 casos nuevos registrados semanalmente. Y también dice que, a pesar de las recomendaciones previas de incrementar los recursos, la comunidad internacional  no ha contribuido suficientemente.

Desde el punto de vista europeo, además del llamamiento de la OMS al incremento de recursos, es interesante resaltar que este informe establece, para todos los Estados fuera de la región afectada, las siguientes recomendaciones:
  • Ningún país debería cerrar fronteras o establecer restricciones de viaje o comerciales.
  • Las autoridades nacionales deberían trabajar con las líneas aéreas y otras empresas de turismo y viaje para asegurarse de que nadie excede las recomendaciones de la OMS respecto al tráfico internacional. 
  • No se consideran necesarias medidas de cribado en aeropuertos y en otros puertos de entrada fuera de la región afectada. 
Algún medio de comunicación ha publicado interesantes y didácticas explicaciones acerca del ébola, como por ejemplo el diario "El País" con sus "Claves de la epidemia del ébola en Congo, la segunda peor de la historia". En este artículo se mencionan las peculiaridades del contexto de esta epidemia, como que el brote se produce en una zona caracterizada por la violencia, las infraestructuras inexistentes, de difícil acceso, la desconfianza de la población local hacia la actuación de las organizaciones internacionales (hablando incluso de estrategia oculta detrás de los equipos de salud), o la propia negación de la existencia de la enfermedad lo que dificulta la protección ante la misma.

En la misma línea, "La Vanguardia" publicó "¿Por qué el ébola se convierte ahora en emergencia sanitaria internacional?", de donde se puede extraer la frase pronunciada por Luis Encinas, de Médicos Sin Fronteras: "Llevan años viviendo en una gran inseguridad y ven cómo su problema no es el ébola, sino morir de parto porque no puede llegar una ambulancia, o de malaria porque la atención sanitaria es inaccesible con ingresos de un dólar al día". 

Ya nos hicimos eco de esto en la entrada "No somos el objetivo. Nadie puede ser el objetivo". Y todo ello nos ha hecho recordar, una vez más, a Milton Terris y las causas del cólera en la India, y que ya citamos anteriormente en este blog, en la entrada "A perro flaco...":

"Es bien conocido que las causas del cólera en la India se remontan a varios siglos de su historia: la invasión británica y la destrucción de una industria textil que un día fue floreciente, la persistencia de sistemas arcaicos de propiedad de la tierra, de métodos de labranza, del sistema de castas, de la increíble pobreza, hambre y hacinamiento que padece la población; la consecuente incapacidad para financiar el desarrollo de suministros de agua potable y drenaje y por último, casi incidentalmente, la presencia del vibrión del cólera.

Esperemos que no se vuelva a producir la situación del brote de EVD de África occidental de hace unos años, y esperemos también que, si se produjera el peor de los casos, en España, y en otros países desarrollados, la reacción de la administración, la profesional y la de la población, tengan en cuenta la experiencia acumulada y se esté a la altura de las circunstancias. Pero, lo mejor es actuar ahora. Y como pide la OMS, actuar aportando recursos para los países africanos que, en este momento, lo necesitan.


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