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sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Papá Noel te traerá regalos si te portas bien?

Esta noche es Nochebuena (y mañana Navidad, que dice la popular canción) y es la noche en la que Papá Noel, y todos sus ayudantes, se esfuerzan en traer regalos, especialmente a los niños. Un equipo de estudiosos británicos (Park JJ, Coumbe BGT, Park EHG, Tse G, Subramanian SV, Chen JT) ha decidido ponerle evidencia a los factores que hacen que Papá Noel o Santa Claus visite las salas pediátricas en diferentes hosptales del Reino Unido y su resultado ha sido publicado recientemente en el British Médical Journal con el título "Dispelling the nice or naughty myth: retrospective observational study of Santa Claus" (BMJ 2016; 335).

En la introducción del artículo, los autores citan que es un clásico decirle a los niños que Santa Claus puede ver si han sido buenos o no y lo valora a la hora de traer regalos. Por eso, ellos incluyen en su estudio, realizado en Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte, Escocia e Irlanda, como posibles determinantes de la frecuencia de la visita de Santa Claus los siguientes: distancia (en Km) entre el hospital y el polo norte, la tasa de absentismo escolar (como un proxy del comportamiento infantil), la tasa de criminalidad juvenil (10-17 años) y el índice de privación múltiple (que valora ingresos económicos, empleo, privación sanitaria y discapacidad, educación y formación, vivienda, crimen y el medio urbano).

Los resultados del estudio no pudieron demostrar que Santa Claus visita solo a los niños que se han portado bien. En cambio sí que encontraron evidencia de que Santa Claus visita con menos frecuencia los hospitales ubicados en las áreas con mayor privación observando un patrón decreciente de visitas conforme se incrementaba la privación en los primeros cinco deciles de privación, con solo un 79% de salas pediátricas visitadas por Santa Claus en el quinto decil. La distancia al polo norte no tuvo un efecto estadísticamente significativo sobre el resultado.

Es interesante, y muy recomendable, leer la discusión de este artículo, donde los autores repasan las posibles limitaciones y variables no estudiadas (calidad del whisky dejado para Santa Claus en los hospitales, disponibilidad de cena o de chimeneas, espacio para aparcar los renos,...).

Finalizan diciendo que Santa Claus tiene un duro trabajo para asegurar que todos los niños que se portan bien reciban sus regalos, pero que factores profundos indudablemente juegan un papel que afecta a las capacidades de Santa Claus para llegar a todos los niños. Sugieren que sea revisado el posible contrato de Santa Claus (o de sus empleados locales) en las áreas "difíciles de alcanzar" para que pueda hacerse realidad la felicidad de todos los niños.

Pues bien, en nuestras manos está conseguir que esos factores "profundos" no afecten a los más pequeños (ni a los más grandes). Hay que seguir luchando para reducir la desigualdad y una de las primeras tareas es evidenciarla. Los autores de este excelente trabajo ya están en ello.

Feliz (y menos desigual) Navidad



sábado, 28 de marzo de 2015

Pobreza: infantil y de discurso

La poetisa chilena Gabriela Mistral escribió que "La patria es la infancia, el cielo, el suelo y la atmósfera de la infancia". Si eso es cierto, y creemos que sí, un buen número de niños criados y crecidos durante los años de esta crisis, de la que algunos nos instan a creer que ya se ha acabado, han tenido (tienen) una patria que les ha escamoteado lo más precioso que se puede tener: un futuro esperanzador.

Un comunicado de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), titulado "Posicionamiento de SESPAS sobre pobreza infantil y salud", nos recuerda que el grado de pobreza infantil alcanzado en España dejará efectos indelebles en la salud de los niños a lo largo de su vida. Y no es sólo un comunicado de frases grandilocuentes, no. Se añaden durante el mismo referencias a diversas publicaciones científicas en las que se aportan datos sobre pobreza infantil en nuestro país o de la evidencia existente de una peor salud general y peor salud mental en los menores de familias vulnerables que requieren ayuda para mantener su vivienda o han sido desahuciados. Concluye con una sentencia abrumadora: "Si continúa la tendencia al aumento de las desigualdades sociales y de la pobreza infantil, en las futuras generaciones aumentará la prevalencia de problemas de salud y de personas en mala situación económica y laboral".

Pero es también muy preocupante que la respuesta de la autoridad sanitaria, en este caso el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en una declaraciones a la Agencia EFE (no encontramos nota de prensa al respecto en la web del Ministerio) sea negar que la crisis haya repercutido en la salud infantil. Esto en sí no sería novedoso, pero sí lo es que se utilicen datos de 2006 o de la esperanza de vida para hacerlo. Negar la evidencia utilizando el calendario de vacunación no parece la mejor opción. Se espera algo más de la máxima autoridad en materia sanitaria.

El comunicado de SESPAS acaba con una propuesta de seis medidas urgentes para garantizar la disminución progresiva de la pobreza y asegurar la equidad en el crecimiento y desarrollo de la población infantil española. Al menos a ellas debería haber respondido el Ministerio de Sanidad y el Gobierno de España para argumentar el por qué no se realizan.

La pobreza infantil no puede combatirse con la pobreza de discurso.






   

jueves, 17 de julio de 2014

La pobreza de un indicador

En estos días estamos asistiendo a un debate (tal vez algo más) entre el gobierno de España y los gobiernos de las distintas comunidades autónomas a raíz del reparto de fondos para el plan de la pobreza infantil.
Para los que no estén al tanto, lo que ocurre es que la propuesta del gobierno para la distribución de estos fondos (16 millones de euros más 1,4 millones para menores de etnia gitana) entre las distintas comunidades autónomas es que se realice utilizando para ello el indicador AROPE (acrónimo de "At Risk of Poverty and/or Exclusion"). Hasta aquí, aparentemente, ningún problema: se trata de un indicador aceptado a nivel europeo y que técnicamente mejora a sus antecesores. Las dificultades vienen cuando se observa el reparto por comunidades autónomas que ha publicado el propio Ministerio en su web (la noticia se titula: "El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y las CCAA acuerdan el reparto del Fondo Extraordinario de 17,4 millones de euros para combatir la pobreza infantil")

Comunidad Autónoma/Ciudad
Euros
Indicador AROPE 2012
Andalucía
1.207.488,30
38,7
Aragón
720.748,83
23,1
Principado de Asturias
798.751,95
25,6
Illes Balears
879.875,20
28,2
Canarias
1.238.689,55
39,7
Cantabria
633.385,34
20,3
Castilla-La Mancha
1.163.806,55
37,3
Comunidad de Castilla y León
677.067,08
21,7
Cataluña
726.989,08
23,3
Extremadura
1.198.127,93
38,4
Galicia
723.868,95
23,2
Comunidad de Madrid
636.505,46
20,4
Región de Murcia
1.151.326,05
36,9
La Rioja
711.388,46
22,8
Comunitat Valenciana
948.517,94
30,4
Ciudad de Ceuta
1.304.212,16
41,8
Ciudad de Melilla
1.279.251,17
41,0
Total
16.000.000,00
 
 
Allí vemos que Andalucía, con 8.449.985 habitantes (según el padrón de 2012) recibirá 1.207.488,30 euros porque su indicador AROPE de 2012 es de 38,7 (uno de los más elevados de España), mientras que la ciudad de Ceuta, con 84.018 habitantes recibirá 1.304.212,16 euros por su indicador AROPE es el que alcanza el valor más alto: 41,8.
Se trata de un caso de discriminación positiva que debería permitir al gobierno de la ciudad de Ceuta, si es capaz de rentabilizar bien ese dinero, actuar con mucha mayor eficacia que a la Junta de Andalucía que debe repartir ese dinero entre más afectados y en un territorio muchísimo mayor. Pero ¿es positiva esa discriminación?

Está bien, pero que muy bien, utilizar un indicador específico para asignar recursos. Es algo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo (sólo hace falta repasar la historia de la asignación de recursos en el National Health Service británico), pero también conviene repasar los problemas surgidos entonces (como se publicaba en el Journal of Epidemiology and Community Health en 1978).

Por eso sabemos que usar sólo el indicador, en este caso el AROPE, sin ninguna otra ponderación puede producir una situación de mayor injusticia que aquella que pretende corregir, discriminando negativamente a aquellas comunidades con mayor población que también pueden tener mayor número de menores en riesgo de pobreza o exclusión. Veamos, si tomamos los números absolutos (sacados del informe "Las cifras de pobreza y exclusión social en España de cara a Europa 2020") encontramos que en la ciudad de Ceuta, en 2009, un total de 27.885 personas se encontraban incluidas dentro de la población AROPE (el 37,8% de la población de esa ciudad en ese año), mientras que en Andalucía la población AROPE era, en 2009, de 2.688.682 personas (el 33% de la población total). Si el cálculo se hubiera hecho para el total de población AROPE (y no sólo para los menores) los datos resultantes hubieran sido (en 2009): 0,44 euros por persona AROPE en Andalucía frente a 46,77 euros por persona AROPE en Ceuta (y recordemos que las diferencias en el indicador AROPE entre Ceuta y Andalucía son relativamente pequeñas).

Algo no está bien, y se comprende que se publique que el plan contra la pobreza infantil penaliza a las regiones más pobladas.

Los indicadores (aun siendo técnicamente buenos, que no siempre lo son) no son vacas sagradas y su uso indiscriminado puede afectar seriamente a la salud.


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