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domingo, 13 de marzo de 2022

La guerra es mala para la salud (publicado en The Conversation)

¡Qué tiempos estos en los que es necesario decir obviedades para describir la situación en la que estamos! Que la guerra es mala para la salud es una obviedad, pero la invasión de Ucrania ordenada por Putin nos sitúa en ese punto.

Os traemos aquí, después de mucho tiempo sin publicar, lo último que hemos escrito para The Conversation: "La guerra es mala para la salud".

En ese artículo tratamos de mostrar que las guerras no afectan solo por la bajas militares, que también, sino también por los otros efectos sobre la salud:

- El desplazamiento de las poblaciones.

- El colapso del sistema de atención de salud.

- La facilidad para la transmisión de enfermedades.

- La afectación de la salud infantil.

- El impacto sobre la salud de las mujeres.

- El medio ambiente se verá afectado.

- El impacto de la guerra sobre la salud mental.

- El debilitamiento o anulación de las acciones que mejoran la salud.

Tras la publicación, también hemos tenido oportunidad de participar en el espacio "Salud a todo Twitch" de Granada Digital que organiza Joan Carles March donde se ha expuesto en directo estas consecuencias para la salud de la invasión de Ucrania.

Ojalá esta fuera la última vez que tuviéramos que volver a repetir que: "Este vuelve a ser también un momento para levantar nuevamente la voz y tomar conciencia de que guerras hay varias (demasiadas) e independientemente de quer intervengan países "grandes" o "pequeños", todas llevan aparejado sufrimiento, desesperación, enfermedad y muerte".




domingo, 11 de noviembre de 2018

El centenario de un armisticio epidémico

Exactamente hoy se cumplen 100 años de la firma del armisticio de la I Guerra Mundial, conocida, antes de otros desmanes, como la "Gran Guerra". Los líderes mundiales se han reunido en París, para conmemorar este hecho a las 11 horas del día 11 mes 11, el momento exacto en que se decidió que entrara en vigor hace un siglo.

En estos días se ha traído a colación la historia de Augustin Trébuchon, el último soldado francés muerto en aquella guerra, diez minutos antes de la entrada en vigor del armisticio, o la de Henry Gunther, el último soldado fallecido, un minuto antes de las 11 horas de aquel día.

Pero ese armisticio se producía en un mundo en el que, además de vivir la barbarie de la guerra, se enfrentaba también a otro enemigo igualmente mortal: la gripe. La pandemia llevaba ya varios meses afectando a numerosos países, tras una primera oleada, que se extendió desde marzo a julio de aquel año, y una segunda que comenzó en agosto, pero tras la firma del armisticio, "estallaron celebraciones en todo el mundo, creando las condiciones casi perfectas para que se propagara una enfermedad de masas" . Esta frase está tomada del libro de Laura Spinney titulado "El Jinete Pálido. 1918: La epidemia que cambió el mundo".

Este es un libro de muy recomendable lectura, y oportuno en estas fechas, que ya ha sido objeto de varias recensiones entre las que podemos citar la de José Miguel Mulet y la de Óscar González (en esta última puede, además, accederse al mapa del libro de Spinney). En él se hace un recorrido por múltiples aspectos de lo que fue "la gripe del 18", que fue conocida como "gripe española", pero también se analiza a los ojos de hoy.

De este libro podemos quedarnos con la reseña de lo sucedido en la ciudad de Zamora, que tuvo una de las más altas tasas de mortalidad en España.

Lo que pasó en Zamora, ya era conocido por lo publicado en el diario "La Opinión. El correo de Zamora" en 2008, con el título "La gripe del siglo". Allí se citaba el artículo de Antoni Trilla, Guillem Trilla y Carolyn Daer "The 1918 "Spanish Flu" in Spain", publicado en Clinical Infectious Diseases en 2008, que a su vez citaban al libro, de 1993, de Beatriz Echeverri "La gripe española.La pandemia de 1918-1919". Hechos que también fueron recogidos en 1995 por F.Javier García Faría en "La epidemia de gripe de 2018 en la provincia de Zamora".  Y lo que sucedió fue que las misas masivas y las rogativas para solicitar ayuda divina ante la gripe, influyeron en la difusión de la enfermedad, y de nada sirvieron los intentos de impedirlas de las autoridades civiles, ante la postura de autoridad eclesiástica. A pesar de ello, o mejor dicho, precisamente por ello, al obispo de Zamora, Álvaro y Ballano, le fue concedida, en 1919, en reconocimiento, la Cruz de la Beneficencia de la ciudad

De algo semejante ya hablamos en la entrada "El cristo de la epidemia", donde también mencionamos el episodio de Zamora. Aprovechemos pues las efemérides históricas para aprender del pasado y que también sirva para plantear cómo afrontar los retos del futuro.


La firma del Armisticio de la I Guerra Mundial

viernes, 18 de agosto de 2017

Seis años y muchas lágrimas #NoTincPor

Esta tenía que ser una entrada de aniversario de blog "normal". Ya van seis años desde que se inició esta aventura de "Epi y Mas" y así nos hubiera gustado celebrarlo. Pero las circunstancias mandan y ayer un grupo de criminales perpetraron atentados en Barcelona y Cambrils y han cambiado la idea a la hora de escribir.

Un  blog como este nace con una vocación profesional, pero ya en otras ocasiones nos hemos visto escribiendo sobre asuntos que no parecen serlo y, sin embargo, sí lo son. Releed "Epidemiología de guerra: Je suis Charlie" y veréis lo actual que puede llegar a ser. No resistimos la tentación de volver a escribir lo que ya pusimos entonces: "la "Epidemiología de Guerra" es una rama importante de la epidemiología que debería ser tomada más seriamente como una subdivisión  de la epidemiología de campo y que debería servir para aportar evidencias sólidas para la prevención de los conflictos". 

Por desgracia hay otras cosas que siguen siendo tan actuales como entonces. La primera de ellas la barbarie y el sinsentido de estos criminales ¿Sinsentido? Tal vez no, ellos tienen un sentido, un objetivo claro: provocar el terror, atemorizar. Y cuando esta mañana la gente reunida en Plaza Cataluña gritaba "No tinc por!" ("No tengo miedo") daba la respuesta apropiada. Por eso es importante que no les sigamos el juego a los criminales, y @manyez nos aportaba una buena guía para no hacerlo en "Barcelona y twitter".

Por ello solo insistir en que:

No difundamos nada sin contrastar: cuesta tan solo un poco más averiguar la falsedad de un bulo y, por desgracia, no lo hacemos. Por favor: mirad las fuentes oficiales. Incluso en esta época de la "postverdad" suelen tener información más veraz. Y si no, al menos, goglear un poco y, es posible, que deis con la información correcta. Serán solo unos segundos, o unos minutos, más.

No reenviemos, contribuyendo a hacerlas virales, imágenes que causarán dolor a las víctimas o sus seres queridos, en un afán de notoriedad que no es sino puro egoísmo. El argumento de que los medios de comunicación también lo están haciendo es solo una excusa barata. El gesto del supermercado Caprabo, negándose a vender los periódicos que hoy llevaban en portada imágenes sensacionalistas, nos da la pista de cómo hacer lo correcto.

Recordad que "Si estoy a punto de morir, no quiero que me grabes, quiero que te quedes conmigo, creo que nadie quiere morir solo y menos así". Así decía un tuit de @maria_ecc que no sabemos si es original suyo o un retuit, pero que transmite muy bien un sentir de mucha gente. Simplemente tengamos humanidad.

No respondamos con odio al odio. A los que actúan con odio nada puede complacerles más que una respuesta con odio. Y para ellos es mejor si esa respuesta de odio es indiscriminada. Los que atentaron ayer son criminales y ya está. Criminales y terroristas. Es de esos de quienes tenemos que protegernos, no de todos los que profesan una religión, ni de todos los de un país, ni de...

#NoTincPor Esa es la respuesta.


jueves, 20 de octubre de 2016

Paz en Colombia / Salud en Colombia

"Lo más nocivo para la salud de los humanos , aquí, no era ni el hambre ni las diarreas ni la malaria ni los virus ni las bacterias ni el cáncer ni las enfermedades respiratorias o cardiovasculares. El peor agente nocivo, el que más muertes ocasionaba entre los ciudadanos del país, eran los otros seres humanos". (Héctor Abad Faciolince en "El olvido que seremos", citando a su padre, el salubrista colombiano Héctor Abad Gómez).

La violencia, la guerra, aniquila muchas cosas pero sobre todo aniquila lo más preciado: la vida humana. Cualquier persona de buena voluntad sabe que la violencia sólo acarrea sufrimiento, desesperación, enfermedad y muerte. Los salubristas sabemos, además, que la violencia debilita las acciones que mejoran la salud. Es difícil que la prevención, la promoción o la protección de la salud se desarrollen en ambientes bélicos o dominados por la violencia. Es luchar doblemente. Y no sólo es, que también, por la distracción de recursos que implica un esfuerzo bélico. Es principalmente porque sin paz falta lo esencial: el proyecto de desarrollo de una vida autónoma, solidaria y gozosa y eso es lo que ha sido definido como salud (X Congrès de Metges i Biolegs de Llengua Catalana, 1976).

Colombia no es el único sitio donde la guerra ha impedido el desarrollo de la salud, pero sí es uno donde la paz puede estar tan cerca que la esperanza está rebrotando.


 

jueves, 8 de enero de 2015

Epidemiología de guerra: Je suis Charlie

"Wars and armed conflicts are the oldest social maladies that affect human beings. “War” refers to clashes between states that last for a long time and cause substantial damage; in contrast, “armed conflicts” encompass clashes between 2 groups with less damage".

Así comienza la carta al director firmada por Mohsen Rezaeian en Epidemiology y titulada "War epidemiology: an urgent plea".

El atentado terrorista de París con 12 víctimas trae a primera línea lo expuesto en esta carta y, aunque el autor parece referirse a otro tipo de situaciones, creemos que lo sucedido el 7 de enero en la capital francesa cae dentro de esta categoría.

Como dice Rezaeian la "Epidemiología de Guerra" es una rama importante de la epidemiología que debería ser tomada más seriamente como una subdivisión  de la epidemiología de campo y que debería servir para aportar evidencias sólidas para la prevención de los conflictos. 

Y mientras tanto ¿puede hacer algo la epidemiología? No permanecer al margen ni mirar para otro lado pensando que no le incumbe es un primer paso imprescindible: "Je suis Charlie"

Imagen tomada de Unofficial Bansky

miércoles, 28 de agosto de 2013

La inminencia de la guerra


Estaba escuchando las noticias cuando una frase pronunciada por la locutora ha llamado mi atención: “...ante la inminencia de la guerra…”. Se refería a la información según la cual Estados Unidos y otros países se están preparando para intervenir militarmente en Siria debido al uso de armas químicas en ese país. Pero el hecho que me ha llamado la atención es que, tal y como lo decía la locutora, parecía que en este momento no hay guerra allí. Y sí, sí la hay. Y no hace un par de días, ni siquiera hace unos meses: ya va para años, como nos recordaba hace muy poco Xavier Allué en el blog Pediatría Social en su entrada "Los niños muertos en Siria, antes y ahora".
 
Y lo dicho por la locutora me ha recordado también a lo que he leído hace poco en el libro de Amin Maalouf “Los desorientados” cuya acción está localizada en un país de Oriente Medio que no se menciona, pero con un gran parecido con Líbano, país natal del escritor. En un momento dado, dos personajes nacidos allí y exiliados que han vuelto con motivo de la muerte de un viejo amigo están hablando con otra amiga que ha permanecido allí todo el tiempo, y uno de ellos le pregunta a ella “¿Y qué hiciste durante la guerra?”, a lo que ella responde “Quienes vivieron aquí todos esos años no dicen nunca “la guerra”. Dicen “los acontecimientos”. Y no sólo por evitar esa palabra que asusta. ¡Probad a preguntarle a alguien por la guerra! Os dirá, candorosamente: ¿qué guerra? Porque guerras hubo varias”.
 
Tal vez en ese sentido la locutora tenía razón y en Siria haya varias guerras en marcha y sería ahora cuando llega la que algunos pueden considerar como la "de verdad". Pero lo lamentable es que, las llamemos como las llamemos, representan una auténtica catástrofe para la ciudadanía de aquel país, y de los limítrofes y, por extensión, del resto de la humanidad.
 
Hace ya unos años, con motivo de los prolegómenos de otra guerra, la de Irak, un grupo de profesionales firmamos una carta titulada "Los profesionales de la salud y las consecuencias de una posible guerra en Irak: carta abierta al presidente del gobierno español" para tratar de levantar la voz en contra de aquella situación, con escaso éxito, como se pudo comprobar muy poco tiempo después. Tal vez sea este también un momento para volver a levantar nuestra voz y tomar conciencia de que guerras hay varias (demasiadas) e, independientemente de que intervengan países “grandes” o “pequeños”, y que las muertes se produzcan por agentes químicos u otros mecanismos, todas llevan aparejado sufrimiento, desesperación, enfermedad y muerte.
 
Como se decía en aquella carta: "El diálogo sin hechos trae la calamidad más cerca que nunca, ya que la lentísima acción de la diplomacia se ve desbordada por la tecnología de los misiles".
 
La guerra en Siria a través de los ojos de los niños (ver vídeo aquí)
 
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