sábado, 21 de abril de 2018

El Observatorio Valenciano de Salud


El verbo “observar” no induce a pensar en la acción. Pero la observación, esa mirada atenta, y más si es a lo largo del tiempo, sí que sugiere caminos que surcar, aspectos a considerar, defectos que corregir, comparar o evaluar situaciones…Y es allí donde surge la acción. Por eso, se utiliza la denominación “observatorio de salud” para nombrar a las estructuras que muestran no sólo cómo está la salud de la población sino también cómo puede ser mejorada o qué recursos existen para hacerlo.

Hace menos de un año, comenzó su andadura el Observatorio Valenciano de Salud (OVS!). El OVS!, al igual que hacen otros observatorios, reúne información sobre indicadores de salud y sobre determinantes de la salud, pero también presenta y recopila acciones de salud comunitaria y sobre buenas prácticas en el Sistema Valenciano de Salud. Pretende así dar una visión amplia de la salud de la población, al tiempo que aporta herramientas para su mejora.

En el OVS! se considera que salud es, en definitiva, desarrollar nuestras capacidades durante la vida. Y dentro de este concepto de salud que sostiene el OVS!, también está el reconocer y exponer que existen diferencias en las condiciones de vida de las personas que influyen sobre la salud, como son el paro, la falta de ingresos, la precariedad en la vivienda, las oportunidades para acceder a la educación…

El OVS! utiliza los registros de información sanitaria existentes e incorpora también nuevas fuentes de información necesarias para dar respuesta a sus funciones. Entre ellas destacan:
  
El Sistema de Información en Salud Pública de la Comunitat Valenciana (SISP), que contiene indicadores de salud, seleccionados y clasificados de manera similar a la utilizada en nuestro entorno y en la línea propuesta por los Indicadores Esenciales Europeos de Salud (los indicadores ECHI) lo que facilita su comparabilidad externa. El SISP, accesible públicamente, está presente en todos los indicadores presentes en el OVS! para permitir obtener un mayor detalle en los mismos a las personas interesadas en ello.

Las Encuestas de Salud de la Comunitat Valenciana, que se realizan sistemática y periódicamente para medir la salud, la calidad de vida, el bienestar y las desigualdades en salud de la población de la Comunitat Valenciana. La información de las encuestas priorizará la comparabilidad y facilita el análisis temporal de la información recogida, contemplando también la incorporación de datos sobre necesidades emergentes de información.

La información recogida sobre acciones de promoción de salud y activos para la salud, que se puede aportar directamente a través del OVS! y que es evaluada por la Oficina Valenciana de Acción Comunitaria para la Salud (OVACS) para ser mostrada y difundida, utilizando los criterios e instrumentos de la Alianza de Salud Comunitaria y dentro del marco de las estrategias, nacional e internacional, sobre promoción de la salud.

Las buenas prácticas en el Sistema Valenciano de Salud, en las que se recoge la información necesaria para evaluarlas y también para mostrarlas, fomentando de esta manera su transferencia.

La información presente en el Portal Estadístico de la Generalitat Valenciana, con interés para mostrar y mejorar la salud y sus determinantes.

Es importante destacar que diversos contenidos del OVS! son aportados por los propios usuarios del observatorio, fomentado, de esta manera, la participación, una de las características fundamentales en las que está basada el OVS!.

El OVS! pretende que lo que oriente su existencia y desarrollo sea la acción. La acción estimulada y basada en el conocimiento. La acción encaminada a promover y mejorar la salud y en la que la participación de la población sea un factor esencial.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Un poco de "lobby", por favor

La verdad es que no pedimos mucho, y ni eso se nos permite. O al menos, eso parece si no cambian las cosas ¿Que de qué estamos hablando? ¡Ahh! es verdad, que no se había dicho. Pues,... cosa de una disposición adicional. ¿Qué tampoco se entiende? Pues es verdad. Y es que quien escribe esto tampoco se ha enterado de por qué.

La cosa va de que hace ya algún tiempo, en 2016, en un parlamento muy lejano (vale..., dejémoslo en bastante lejano), por allí por aquello que llamamos Europa, se aprobó un Reglamento. Y eso, aunque parezca bastante aburrido de por sí, es algo que nos afecta bastante a todos, porque trata de nuestros datos: el Reglamento General de Protección de Datos. Se ocupa de cosas tan banales, o no, de que nuestros datos personales, esos "tan nuestros", estén protegidos jurídicamente, para salvaguardar nuestros, sí, también "nuestros", derechos. No fue fácil su aprobación, no. Porque en esto de proteger derechos se puede ser muy estricto y decidir que una buena manera de hacerlo es prohibirlo casi todo y "luego ya veremos". Y eso tampoco es, o tampoco era. Porque gracias a una labor de "lobby" (que eso no siempre es malo) en la que se movilizó todo el ámbito de la salud pública y de la epidemiología europea, el Reglamento no quedó del todo mal y desde luego mucho mejor que en sus versiones anteriores, y no representa, de momento, la cortapisa legal para la vigilancia y la investigación en salud pública que se anunciaba en sus primeras versiones.

Y es que, para la vigilancia y para la investigación, es necesario considerar algunas excepciones, que no privilegios, que permitan que se puedan desarrollar y producir resultados que redunden en el bien común, por ejemplo en el caso de los registros poblacionales de enfermedades (de los que ya hemos hablado aquí en algunas ocasiones).

Pues bien, ese Reglamento no lo dice todo, todo. Y por eso, está previsto que cada estado miembro pueda desarrollar algunos aspectos en su legislación nacional. Y eso es lo que el estado español se dispone hacer con el proyecto de una nueva ley orgánica de protección de datos  de carácter personal, que se está discutiendo en el parlamento español en estos momentos. Y en los borradores previos de ese proyecto de ley aparecía una disposición adicional que contemplaba que, en un futuro próximo, se elaborara una ley específica de protección de datos de salud. Acabáramos. Ya hemos llegado a donde queríamos, la dichosa disposición adicional. Pues bien, esta disposición adicional se ha "caído" en ese anteproyecto de ley. Ya no está.

Y por eso hay que volver a hacer un poco de "lobby" otra vez (que sigue sin ser tan malo). Y a eso se ha puesto la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y, dentro de ella, su Grupo de Confidencialidad y Protección de Datos, pidiendo, como siempre, cosas sencillas y razonables como:


"Que el Gobierno se comprometa a remitir a las Cortes un proyecto de ley de protección de datos relacionados con la salud en un plazo breve.

Que en la futura ley orgánica de protección de datos se reconozcan las excepciones a los principios de protección de datos y a los derechos de los interesados por razones de interés público en el ámbito de la salud pública y por razones de investigación científica, con la debida protección de los intereses y derechos del interesado, el debido secreto profesional y con la adecuada justificación normativa."

Esperemos que la voz de la SEE se pueda hacer oír donde toca y que algo de caso nos hagan.
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Si quieres conocer el posicionamiento de la SEE lo tienes aquí, y a él se han añadido otras sociedades científicas como SESPAS, AES, Asociación de Enfermería Comunitaria, SESA, Juristas de la Salud y la Sociedad Andaluza de Salud Pública y Administración Sanitaria ‘Hipatia’.



Nota sobre conflicto de interés:
El autor de este texto, Óscar Zurriaga, es miembro del Grupo de Trabajo de Confidencialidad y Protección de Datos de la SEE y trabaja en vigilancia de la salud pública,


viernes, 5 de enero de 2018

Lo tienen crudo con el agua

¿Te apetece un trago de agua turbia? Seguro que nadie en su sano juicio contestaría que sí. Y sin embargo, "The New York Times" en su artículo titulado "Unfiltered fervor": the rush to get off the water grid" nos indica que una moda está comenzando en Estados Unidos: la de beber agua sin tratar. Lo que se ha traducido como "agua cruda". Javier Jiménez en Xataka se hacía también eco de ello.

El argumento que apoya esta moda es el de lo "natural". Y ahí, es cierto, tienen razón: el agua sin tratar puede ser natural. Lo malo es que también puede ser peligrosa. Suele hablarse de las vacunas como la intervención salubrista que más impacto ha tenido sobre la salud y, a menudo, se nos olvida el muy favorable impacto que ha tenido la introducción de la potabilización del agua. Algo que se intentó desde la antigüedad (ya los griegos y los romanos utilizaban embalses de aireación para la purificación del agua), pero no fue hasta el siglo XIX en 1804 que en Escocia, en Paisley, se organiza la primera planta de tratamiento abasteciendo a una ciudad. Y en 1893, en Holanda, en la ciudad de Ousbaden se monta una planta de tratamiento de agua con Ozono. Unos años después, en 1904, en Jersey City, Estados Unidos, se utiliza el cloro para la desinfección del agua en el abastecimiento de una ciudad. Y hasta hoy.

Si se quiere ver cómo evolucionó la mortalidad por enfermedades infecciosas en Estados Unidos desde 1900 a 1999 puede consultarse la publicación de los Centers for Diseases Control (CDC) titulada "Achievements in Public Health, 1900-1999: Control of Infectious Diseases". Id, por favor, a la figura 1 y veréis lo que pasó después de la introducción del Cloro como desinfectante del agua de los abastecimientos públicos. En ese artículo se dice literalmente: "En 1900, sin embargo, la incidencia de muchas de estas enfermedades [cólera, disentería, tuberculosis, fiebre tifoidea, gripe, fiebre amarilla, y malaria] había empezado a declinar debido a las mejoras de salud pública, la implementación de las cuales continuó en el siglo XX. Los esfuerzos locales, estatales y federales para mejorar la higiene reforzaron el concepto de acción de "salud pública" colectiva (por ejemplo prevenir la infección proporcionando agua de bebida limpia)".

A quienes se dedican a la epidemiología no es preciso recordarles por qué es conocido John Snow (a quien hemos dedicado alguna entrada aquí). Pero, por si acaso, ahí van unas pistas: cólera, fuente de agua, Londres.

¿Queremos volver al siglo XVIII? ¡Y encima a unos precios desobirtados! El agua cruda podía conseguirse por 2,50 $ por galón hace tres años (0,66 $ por litro). Y ahora se compra a 36,99 $ por 2,5 galones (3,9 $ por litro). Hay bebidas mucho más elaboradas que no cuestan tan caras. Y que, desde luego, no son tan peligrosas.

¿Te apetece un traguito? ¿Lo tienes crudo o lo tienes claro?

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