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martes, 16 de julio de 2013

La exactitud y la muerte

"De todos modos, confiamos en que la verificación de los óbitos, iniciada en las primeras horas del día siguiente, confirme la exactitud de las cuentas hechas. Otro espíritu curioso, de los que siempre interrumpen al narrador, se preguntará cómo podían saber los médicos a qué direcciones deberían acudir para ejecutar una obligación sin cuyo cumplimiento un muerto no está legalmente muerto, aunque sea indiscutible que muerto está".
José Saramago, "Las intermitencias de la muerte" (2005)

En el número de mayo de la revista "Preventing Chronic Disease", editada por los CDC, se publican dos trabajos acerca de la exactitud de los certificados de defunción en Estados Unidos.
Uno de ellos titulado "Survey of the New York City Resident Physicians on Cause-of-Death Reporting, 2010", concluye que sólo el 33% de los respondentes (médicos de los hospitales de la ciudad de Nueva York) creen que la causa de muerte recogida en el certificado de defunción es exacta. Y que la principal causa inapropiadamente recogida son las enfermedades cardiovasculares.

El otro artículo "Impact of a Hospital-Level Intervention to Reduce Heart Disease Overreporting on Leading Causes of Death", muestra la reducción de la certificación por causas cardíacas que se observó en 8 hospitales de Nueva York, con excesiva mortalidad registrada en estas causas, tras una intervención consistente en formación y comunicación. La reducción llegó al 54% y, tras la intervención, los tumores malignos se convirtieron en la principal causa de muerte en estos centros.

En España existen algunas publicaciones al respecto, aunque algo antiguas, como, por ejemplo, la publicada con el títutlo "Fiabilidad del diagnóstico de infarto agudo de miocardio inscrito como causa de muerte en los boletines estadísticos de defunción en Girona", en la que también se concluye que la mortalidad por infarto agudo de miocardio está sobrenotificada en los Boletines Estadísticos de Defunción, mientras que en el grupo de la cardiopatía isquémica se puede estimar fiablemente la mortalidad por esta patología.

El estudio de referencia en nuestro país sobre la exactitud de las causas de defunción (García Benavides F. Fiabilidad de las Estadísticas de Mortalidad. Generalitat Valenciana (1986). Monografies Sanitàries, Sèrie A, núm. 2), es también bastante antiguo.

Por ello, además de seguir manteniendo, e incrementando, los programas de mejora de la calidad que se realizan en todos los registros de mortalidad, dependientes de las administraciones de las Comunidades Autónomas, tal vez es momento de plantearse alguna evaluación más detallada de la fiabilidad de determinadas causas de muerte.

A ello podría unirse una reflexión más profunda acerca de las estadísticas de mortalidad que las liberen del corsé de "dato estadístico" y le permitan alcanzar la categoría de "dato sanitario". Es imprescindible si queremos poder utilizar los datos de mortalidad para un gran abanico de usos en el ámbito de la salud.

Calidad y utilidad deben ir juntas (y no nos olvidemos del formato: véase "La agonía del certificado de defunción").
   

 




jueves, 20 de octubre de 2011

La agonía del certificado de defunción

El Certificado Médico de Defunción (CMD), y el  Boletín Estadístico de Defunción (BED), son los documentos jurídico-administrativos que cumplen la función de dar constancia del fallecimiento de una persona a los efectos legales y administrativos. Pero también tienen un uso sanitario fundamental: informan de las causas de muerte y sirven para construir indicadores sanitarios de gran trascendencia e importancia.
En España se llevó a cabo en el año 2009 una modificación de los mismos. Se hizo, tal y como refiere el documento de Metodología de las Estadísticas del Movimiento Natural de la Población (MNP) del Instituto Nacional de Estadística (INE), para proceder a la unificación de CMD y BED, para poder realizar la adaptación a las técnicas de grabación mediante reconocimiento óptico de caracteres (OCR), y por la necesidad de realizar cambios en el contenido del mismo. 
Pero, por desgracia, no se abordó el formato y se sigue trabajando con información manuscrita sobre un documento en formato papel, a expensas de la caligrafía de quien lo rellena y con las vicisitudes de la documentación en papel. Eso sí, se pensó en realizar la lectura mediante OCR y en introducir la codificación automática de las causas de defunción.
¿No hubiera sido mejor dar paso al certificado y boletín de defunción electrónico?. Si se hubiera hecho estas son algunas de las ventajas del formato electrónico:
-Eliminación de la parte manuscrita: quien certifique pondrá lo mismo que en la actualidad pero no habrán interpretaciones de escritura a posteriori, quedando además ya grabado sin necesidad de recurrir a posteriores procesos de grabación o lectura de documentos.
-Posibilidad de utilizar ayudas a la certificación: mediante la incorporación de un diccionario (el mismo a utilizar en el codificador automático), al profesional que certifica se le pueden sugerir literales de causa de muerte que ya llevan aparejado un código de causa de muerte.
-Eliminación, o reducción sustancial, de un proceso de grabación mediante OCR que no solventa en la actualidad todos los casos.
-Supresión, o drástica reducción, de la mayoría de los restantes procesos de grabación que tienen lugar en la actualidad.
-Posibilidad de efectuar la transmisión electrónica de los datos encarecida por el artículo 64 de la Ley del Registro Civil.
-Disponibilidad de la información sobre la defunción de manera inmediata a la producción de la misma, de forma oportuna y de utilidad para el propio profesional sanitario, para el centro sanitario (gestión de pacientes, etc…), y para el sistema sanitario en su conjunto (baja en los sistemas de tarjeta sanitaria, baja de prestaciones).
-Si se requiere alguna aclaración complementaria para realizar la codificación esta puede solicitarse al médico certificador en un tiempo muy cercano a la de la fecha de defunción evitando sesgos.
-Reducción de los tiempos para envío, posibilitando, de esta manera, una disminución de intervalo entre el momento de la defunción y la codificación, permitiendo también que las estadísticas de defunciones por causa de muerte se presenten con mayor oportunidad.
-Facilitación de la codificación automática, en la medida que se utilicen literales normalizados.

¿No es momento de empezar a pensar en el cambio de formato?.


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