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miércoles, 7 de febrero de 2018

Un poco de "lobby", por favor

La verdad es que no pedimos mucho, y ni eso se nos permite. O al menos, eso parece si no cambian las cosas ¿Que de qué estamos hablando? ¡Ahh! es verdad, que no se había dicho. Pues,... cosa de una disposición adicional. ¿Qué tampoco se entiende? Pues es verdad. Y es que quien escribe esto tampoco se ha enterado de por qué.

La cosa va de que hace ya algún tiempo, en 2016, en un parlamento muy lejano (vale..., dejémoslo en bastante lejano), por allí por aquello que llamamos Europa, se aprobó un Reglamento. Y eso, aunque parezca bastante aburrido de por sí, es algo que nos afecta bastante a todos, porque trata de nuestros datos: el Reglamento General de Protección de Datos. Se ocupa de cosas tan banales, o no, de que nuestros datos personales, esos "tan nuestros", estén protegidos jurídicamente, para salvaguardar nuestros, sí, también "nuestros", derechos. No fue fácil su aprobación, no. Porque en esto de proteger derechos se puede ser muy estricto y decidir que una buena manera de hacerlo es prohibirlo casi todo y "luego ya veremos". Y eso tampoco es, o tampoco era. Porque gracias a una labor de "lobby" (que eso no siempre es malo) en la que se movilizó todo el ámbito de la salud pública y de la epidemiología europea, el Reglamento no quedó del todo mal y desde luego mucho mejor que en sus versiones anteriores, y no representa, de momento, la cortapisa legal para la vigilancia y la investigación en salud pública que se anunciaba en sus primeras versiones.

Y es que, para la vigilancia y para la investigación, es necesario considerar algunas excepciones, que no privilegios, que permitan que se puedan desarrollar y producir resultados que redunden en el bien común, por ejemplo en el caso de los registros poblacionales de enfermedades (de los que ya hemos hablado aquí en algunas ocasiones).

Pues bien, ese Reglamento no lo dice todo, todo. Y por eso, está previsto que cada estado miembro pueda desarrollar algunos aspectos en su legislación nacional. Y eso es lo que el estado español se dispone hacer con el proyecto de una nueva ley orgánica de protección de datos  de carácter personal, que se está discutiendo en el parlamento español en estos momentos. Y en los borradores previos de ese proyecto de ley aparecía una disposición adicional que contemplaba que, en un futuro próximo, se elaborara una ley específica de protección de datos de salud. Acabáramos. Ya hemos llegado a donde queríamos, la dichosa disposición adicional. Pues bien, esta disposición adicional se ha "caído" en ese anteproyecto de ley. Ya no está.

Y por eso hay que volver a hacer un poco de "lobby" otra vez (que sigue sin ser tan malo). Y a eso se ha puesto la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y, dentro de ella, su Grupo de Confidencialidad y Protección de Datos, pidiendo, como siempre, cosas sencillas y razonables como:


"Que el Gobierno se comprometa a remitir a las Cortes un proyecto de ley de protección de datos relacionados con la salud en un plazo breve.

Que en la futura ley orgánica de protección de datos se reconozcan las excepciones a los principios de protección de datos y a los derechos de los interesados por razones de interés público en el ámbito de la salud pública y por razones de investigación científica, con la debida protección de los intereses y derechos del interesado, el debido secreto profesional y con la adecuada justificación normativa."

Esperemos que la voz de la SEE se pueda hacer oír donde toca y que algo de caso nos hagan.
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Si quieres conocer el posicionamiento de la SEE lo tienes aquí, y a él se han añadido otras sociedades científicas como SESPAS, AES, Asociación de Enfermería Comunitaria, SESA, Juristas de la Salud y la Sociedad Andaluza de Salud Pública y Administración Sanitaria ‘Hipatia’.



Nota sobre conflicto de interés:
El autor de este texto, Óscar Zurriaga, es miembro del Grupo de Trabajo de Confidencialidad y Protección de Datos de la SEE y trabaja en vigilancia de la salud pública,


sábado, 30 de enero de 2016

De pretérito indefinido a futuro perfecto

¿Es que son incompatibles el derecho a la protección de datos y el derecho a la salud? Nadie en su sano juicio haría tal afirmación y, sin embargo, en ocasiones, parece que cuando hablamos de investigación en salud los datos personales deben estar tan protegidos que se restringe la posibilidad real de usarlos. 

Una reflexión sobre ello puede leerse en el pequeño texto que hemos preparado para la Asociación Profesional Española de Privacidad (APEP) que, como en años anteriores, ha preparado un monográfico con motivo del Día Europeo de Protección de Datos que se celebra el 28 de enero. Este día fue instituido por el Consejo de Europa en 2006 y corresponde a la conmemoración de la apertura del Convenio núm. 108 del Consejo de Europa, de 28 de enero de 1981, para la protección de las personas con respecto al tratamiento automatizado de datos.

El monográfico de la APEP para el Día Europeo de Protección de Datos 2016, que tiene como motivo este año el nuevo reglamento europeo de protección de datos, consta de 24 artículos y puede ser accedido a través de este enlace:

Y en él encontraréis el artículo concreto al que nos referíamos sobre investigación en salud titulado "Protección de datos e investigación en salud en Europa: ¿de pretérito indefinido a futuro perfecto".

No os perdáis tampoco, en el primer número de 2016 de Gaceta Sanitaria, el debate sobre "big data" con dos excelentes artículos sobre ello:

Carlos Luis Parra Calderón. Big data en sanidad en España: la oportunidad de una estrategia nacionalGac Sanit. 2016;30:63-5


domingo, 15 de marzo de 2015

¿Sabes guardar un secreto?

Siempre es difícil guardar un secreto. Para ayudarnos a hacerlo hay quien incluso nos enseña formas de guardarlo. Pero cosa diferente es cuando ese secreto no es personal, sino profesional. En epidemiología estamos acostumbrados a ello y eso es porque los datos son la materia prima con la que se trabaja y todos los epidemiólogos saben, sabemos, que trabajar con datos personales implica custodiar algo que le afecta en lo más íntimo a todas las personas. Por eso se tiene a gala, como cita Jorn Olsen en su artículo "Data protection and epidemiological research: a new EU regulation is in the pipeline", que la investigación en epidemiología "puede hacerse, y se hace, de modo que no se ha producido ninguna filtración indeseada de los datos personales y es probable que sea la forma más segura de investigación médica que esté a su disposición".

Por ello, el Grupo de Trabajo de Protección de Datos de la Sociedad Española de Epidemiología organizó una Jornada de Protección de Datos en Salud Pública que se celebró el día 13 de marzo pasado en Madrid. Quienes estén interesados en saber lo que se trato en esa Jornada pueden acceder a través del canal de "streaming" que se habilitó para ello: http://www.cgcom.es/streaming_epidemiologia

El último acto de la jornada consistió en un interesante debate en el que representantes de (casi) todos los partidos españoles representados en el Parlamento Europeo expusieron sus posturas al respecto de la tramitación del nuevo reglamento europeo sobre protección de datos. Es esperanzador que la mayoría de ellos se mostraron partidarios de hacerse eco de la postura de los epidemiólogos españoles en este proceso. Ya veremos si en el momento de la votación mantienen este compromiso pero, de momento, puede considerarse un buen y exitoso ejemplo de "lobby" bueno (en palabras de Isabel Noguer, directora del Centro nacional de Epidemiología y moderadora de ese debate).

La jornada fue seguida en Twitter a través del hashtag #jornadasee y con él se escribieron 211 tuits (según puede verse en Topsy) con un total de 95.803 impresiones (según Tweet Archivist). Este es también otro ejemplo de "lobby" bueno.

Podemos modificar un poco la frase de George Bernard Shaw de "no hay secreto mejor guardado que aquel que todos conocen" diciendo que "no hay secreto mejor guardado que aquel que conocen todos los epidemiólogos"

¿Sabes guardar un secreto? Yo también, así que no te diré nada (más).


viernes, 26 de diciembre de 2014

¿Cuál es "nuestra" contraseña?

"¿Cuál es "nuestra" contraseña?" Esta pregunta, hecha a voz en grito en mitad de un pasillo de un hospital, la oí hace unos años en el contexto de una visita hecha acompañando a un familiar y cuando quien le atendía quiso acceder a los resultados de unas pruebas de laboratorio del paciente. Para ello debía conectarse al sistema y, evidentemente, todo el servicio asistencial utilizaba una misma contraseña para entrar al sistema y consultar los datos clínicos de un paciente.

Ese era el nivel de hace un tiempo, y quisiéramos creer que ha mejorado la protección y la seguridad de acceso en el ámbito clínico. Pero ¿es verdad?

Pues no está tan claro, como nos muestra una carta a la directora publicada en Gaceta Sanitaria con el título "Estudio sobre la importancia y la seguridad de uso de las contraseñas en el ámbito laboral sanitario". Los autores, JL. Fernández Alemán, VM. García Amicis, I. Hernández, AB. Sanchez García y A. Toval, resaltan que el 62% de los encuestados en su estudio tenía una contraseña débil (que constaba de nombres de personas, fechas, información personal, o que no incluía al menos 8 dígitos, letras mayúsculas y minúsculas, algún numero y algún carácter especial). También indican que el 16% había escrito alguna vez la contraseña en algún lugar fácilmente accesible por terceros, la había enviado por correo electrónico o utilizaron la opción de guardado automático del navegador.

Por lo que se ve, seguimos dándole poca importancia a la contraseña de acceso y ello pone en cuestión la seguridad de todo el sistema. Sería necesario ahondar en este tipo de estudios y valorar por qué se produce esta sensación de que no pasa nada si la contraseña es fácil de desvelar o su custodia es deficiente.

¿Somos poco celosos de nuestra intimidad o es que nos importa poco la intimidad de los demás? Porque una contraseña debería formar parte de nuestra intimidad y, además, ser un seguro para la de los demás ¿no es cierto?



sábado, 17 de agosto de 2013

Una salud pública abierta

El caso denunciado por Edward Snowden nos ha puesto muy a las claras cómo pueden utilizarse los metadatos y cómo la transparencia brilla, pero por su ausencia, en las conductas de los gobiernos. Lo peor es que puede tener implicaciones incluso para la investigación en salud, pues parece que el Reglamento Europeo sobre Protección de Datos podría endurecerse aún más y, mucho nos tememos, no solventará estos casos y sí puede dificultar el acceso a datos para la investigación.
Vistos estos antecedentes y que lo de la transparencia se asemeja más a un slogan que a un concepto a aplicar,  parece que no queda más remedio que organizarse para que los datos puedan ser útiles para la investigación con los mínimos mediadores posibles.
En ese sentido encontramos una nueva iniciativa dirigida a dar publicidad a conjuntos de datos sobre salud pública con alto potencial de reutilización: "The Journal of Open Public Health Data". El objetivo de esta publicación es proporcionar un lugar accesible en el que exista información acerca de dónde se encuentran repositorios de datos con interés para la salud pública, que son puestos a disposición del resto de la comunidad científica por quien los ha generado. La publicación es revisada por pares, asegurando que los datos están archivados profesionalmente y son de acceso abierto. Los datos y los artículos de esta revista son citables y se puede hacer un seguimiento de su reutilización.
En este momento de lanzamiento de la revista sólo hay cuatro artículos disponibles, pero es de esperar que en próximos números esta nómina se irá ampliando:
Es una buena noticia porque pone énfasis en la transparencia en el mundo científico. Exijamos transparencia a los gobiernos pero también a la propia sociedad. La salud pública da un paso adelante muy importante con esta revista (podéis seguirlos también en twitter: @up_jophd).

domingo, 16 de junio de 2013

¿De qué color es tu coche?

Si alguien te pregunta el color de tu coche ¿se lo dirías? ¿Y si alguien te pide que le digas el número de tu DNI? Sin necesidad de hacer una encuesta, la respuesta que, seguramente, se recibiría mayoritariamente sería una afirmativa en el primer caso y negativa en el segundo. Y ambas son cuestiones que pueden afectar a nuestra intimidad. Las compañías de seguros, por ejemplo, cobran más caros los seguros a los coches de color rojo, así que no es indiferente el color del automóvil. Y no hace falta que hablemos de lo que significa la divulgación de nuestro número de DNI y, sin embargo, basta con hacer la prueba de buscar el DNI de algún conocido, simplemente con Google. Sólo con que haya aprobado una oposición, o haya sido publicada la resolución de un puesto de trabajo que obtuvo, o este pendiente del pago de una multa, etc y, sólo con eso, lo encontraremos. ¿Es esto una pérdida de intimidad? ¿O una falta de seguridad? ¿O una violación de la confidencialidad?.
Doctores tiene la iglesia, y la Agencia de Protección de Datos, para dictaminar sobre esto. Todos estamos de acuerdo en que nuestros datos estén protegidos, pero ¿significa eso que sean inaccesibles? En materia de investigación sanitaria o de vigilancia en salud existen datos que pueden utilizarse y que claramente también implican a nuestra intimidad, pero, obviamente, la finalidad de su utilización redunda en el beneficio para la sociedad. Si no se pueden utilizarse estos datos, o los metadatos, ¿qué hacemos hablando, por ejemplo, de infodemiología?

Pero, ¿y si una agencia gubernamental o una empresa privada los utilizan para saber qué hacemos, o si somos en potencia peligrosos? (algo que, según parece lleva bastante tiempo haciéndose).  Esa utilización ¿nos parece peor?. La reciente revelación de que en Estados Unidos se estaban/están utilizando estos datos con finalidad de localizar potenciales enemigos y en aras de la seguridad nacional ha traído a primer término este hecho. Y la encuesta que hoy mismo puede leerse en la prensa nos dice que el 47% de los encuestados están de acuerdo con que el gobierno intente conseguir que todos los ciudadanos tengan el máximo de seguridad, aunque eso pueda implicar algo de libertad.

¿Se tiene esa misma percepción con respecto a la investigación o la vigilancia en salud?



 

miércoles, 27 de junio de 2012

Proteger o restringir: ¿no hay otra alternativa?

Está teniendo lugar la revisión de la directiva europea 95/46/EC sobre protección de datos. Y ello ha dado lugar a que se hayan alzado voces alertando de los peligros que puede ocasionar. En el European Journal of Public Health se publicó un editorial de Magnus Stenbeck y Peter Allebeck (Do the planned changes to European data protection threaten or facilitate important health research?) en el que se hacía mención de dos puntos de vista mantenidos en ese número de la revista por Carinci et al. y Hakulinen et al.
En esencia Stenbeck y Allebeck defienden que la actual legislación debe ser mantenida porque ha permitido la investigación epidemiológica basada en registros y que las bases de datos sanitarias hayan sido cada vez más usadas en la monitorización de la atención de salud y con ello se han obtenido resultados que repercutido positivamente sobre la salud de la ciudadanía. Desde su punto de vista los cambios previstos pondrían en peligro estos logros.
Las principales características de esta revisión de la normativa europea implican que:
- Será necesario el consentimiento explícito para procesar datos relativos a la salud (artículo 9).
- Los pacientes tendrán derecho a no ser incluidos (por lo que un paciente podrá solicitar y obtener, por ejemplo, que sea eliminada cualquier referencia suya en un registro de cáncer).
- Los números codificados que se refieren a un caso serán considerados datos identificables.

Desde otras instancias, como por ejemplo el proyecto EUROCOURSE, la Red Europea de Registros de Cáncer (ENCR) o la Red Europea de Registros de Anomalías Congénitas (EUROCAT), también se ha alertado al respecto.

Parece que la dicotomía siempre se establece entre proteger los datos personales de manera que no puedan ser utilizados de ninguna manera y el uso que hacen los investigadores de esta información. Tiene que ser posible la armonización. Defendamos los derechos de la ciudadanía (todos somos ciudadanos con derechos) pero no restrinjamos la investigación (todos somos personas que nos podemos beneficiar de ella).

Hacer esto es intentar ponerle puertas al campo y hacer retroceder las posibilidades de investigación que, cada vez más, ofrecen las bases de datos sanitarias en general y los registros en particular.




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