Mostrando entradas con la etiqueta comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comunicación. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de febrero de 2020

Coronavirus: evidencias y eminencias

En las últimas horas hemos tenido la oportunidad de ver como un eminente (de eminencia) cirujano utilizaba el argumento de autoridad (su conocimiento de la situación en China porque tiene dos hijas adoptadas y el hecho de ser un conocido, y bien valorado, cirujano) para ilustrarnos acerca de la situación del coronavirus en el mundo (mundial, por supuesto), en lo que podríamos considerar un ejemplo de medicina basada en la "eminencia".

Al margen de que se pueda considerar que las autoridades chinas no han sido todo lo diligentes y transparentes que la situación requería en el comienzo de este nuevo caso de situación epidémica, es necesario recapitular, a raíz de esta, llamémosle, anécdota mediática, sobre la conveniencia de que la información fluya por los canales adecuados, de manera oportuna y apropiada y adaptada, porque la desconfianza es fácil de instalar y, a continuación viene la alarma y el miedo, algo que sí que es realmente contagioso.

Ayer también se recordaba en la prensa especializada, con declaraciones de José Martínez Olmos, que en la gestión de la pandemia de gripe de 2009 fue posible realizar una comunicación adecuada en una situación de crisis. Una de las cosas que se recordaba en ese artículo es que uno de los errores que se cometen con cierta frecuencia en las crisis sanitarias es que quien habla no sea un experto en la materia, matizando que existe un espacio para que hablen los responsables políticos y otro para los expertos. Y también se decía que otro error es que, a veces, se recurre más a preguntar a clínicos que a epidemiólogos, y es necesario saber que cada cual tiene un ámbito que domina y en el que se puede recurrir a su experiencia. No todos los médicos pueden saber de todo, por muy eminencia que sean en su campo. Y, es necesario recordar también que, en algunos casos, personas que no son médicos o médicas pueden ser expertas en la gestión de determinados aspectos de una crisis sanitaria.

Cuando en 2014 la situación creada por la enfermedad del virus ébola en África occidental generó una desconfianza tal en España que el hashtag #vamosamorirtodos sí que se hizo viral, ya tuvimos ocasión de escribir la entrada "Los mensajes en los tiempos del Ébola" y posteriormente, apenas un mes después, otra titulada "¿Os acordáis del Ébola?". En aquella ocasión, en solo 4 semanas, pasamos de "morirnos todos" a no acordarnos de que existía. Y tan lejos como el pasado mes de septiembre, volvíamos a escribir una entrada ("Comunicación en las crisis de salud pública: lecciones veraniegas") para poner de manifiesto la importancia de la comunicación en estas situaciones que, en ese caso, vino motivada por la crisis de la listeria.

Generar desconfianza, por bien intencionado que se sea (presuponiendo que exista esa buena intención en el mejor de los casos), solo puede causar confusión y hacer crecer los bulos (consultad los bulos que Maldita.es ha ido recogiendo, y rebatiendo, sobre la situación actual con el coronavirus) que en esta época de "fake news" se multiplican con rapidez ya que hay personas predispuestas a difundirlos sin corroborar su veracidad.

Hay una importante responsabilidad de las autoridades sanitarias para sacar adelante de manera adecuada, y con beneficio para la población, cualquier situación epidémica que pueda devenir en crisis, pero también existe esa responsabilidad en cualquier profesional de la salud en, al menos, no empeorarla, y en los medios de comunicación o en los divulgadores y comunicadores científicos para no caer en el espectáculo frente a la información seria, rigurosa y contrastada.

Por cierto, para quienes quieran seguir la información más reciente, la cuenta de Twitter @SaludPublicaES está manteniendo una actualización frecuente de las noticias contrastadas sobre el coronavirus y ha llegado a un acuerdo con Twitter para aparecer en las búsquedas que se realicen al respecto. Es un paso en la buena dirección. Menos medicina basada en la eminencia y más salud pública basada en la evidencia.




domingo, 1 de septiembre de 2019

Comunicación en las crisis de salud pública: lecciones veraniegas

Este verano será recordado, entre otras cosas, por ser el de la Listeria. Algo de lo que muchas personas no habían ni oído hablar hasta ahora y que, de pronto ha saltado a la conversación coloquial y, lo que es peor, a los bulos y rumores sin contrastar.

Y no, no vamos a hablar aquí de lo que es este microorganismo, ni de cómo ha evolucionado el brote, ni de su origen (información que se puede encontrar en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN o en el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, CCAES, del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social)  ¿Y entonces, de qué se va a hablar? Pues de la comunicación y de cómo se traslada lo que se sabe, y lo que no, a la población y a los medios.

Tenemos ya en la historia "reciente" de este país una amplia experiencia en tratar situaciones de crisis en salud pública, y podemos empezar, por no irnos más atrás, por el síndrome tóxico (el aceite de colza), que fue uno de los ejemplos de mala comunicación por parte de las autoridades sanitarias (¿recuerda alguien lo del "bichito que si se cae de la mesa se mata" y el "problema importante, pero no grave"?). Y podríamos seguir por algunas otras crisis, o no tan crisis, pero en su aspecto comunicativo pueden seguirse a través de los sucesivos Informes Quiral. Y si algo hemos aprendido, es que tenemos suficiente capacidad técnica para hacer frente a estas crisis y que se había empezado a tener suficiente capacidad de comunicación de las mismas, algo que se aprendió (a trompazos) con motivo de la crisis del Ébola en 2014.

Una de esas cosas aprendidas es la decisión de quién informa, para lo que se necesita que sea una persona que tenga conocimientos técnicos suficientes ("expertisse") y autoridad. Ahora, en el caso de la Listeria, se focalizó en un médico de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, y la experiencia en el tratamiento de estas enfermedades la posee y contrastada, pero ha generado algunas controversias (ser un médico clínico y de hospital y no de la red de vigilancia epidemiológica, la discusión que se ha suscitado al hilo de las especialidades médicas). En cualquier caso su labor comunicadora puede considerarse acertada. Pero ya ha comenzado el discurso a otro nivel, y en ella se han implicado los responsables no técnicos y ahí la comunicación ya está empezando a desbarrar (mejor no hablamos del "nuevo relato en el combate de la listeria en España y en el mundo"). Eso, seguimos sin haberlo aprendido bien, porque se traslada incluso a crisis institucionales de competencias y, por supuesto, al ámbito del rifi-rafe político. Hay que recordar que ya en el informe Quiral de 2014 se decía que: "De la misma forma, quien ostenta un cargo de autoridad (Consejería, Ministerio o incluso Presidente del Gobierno, según la gravedad del caso), si no sabe dar respuestas expertas lo que genera es desconfianza y alarma".

Y sin finalizar el mes de agosto, saltaba una nueva alerta, esta por intoxicación alimentaria por toxina botulínica asociada al consumo de conserva de atún en aceite de girasol. La información de la AESAN hacía referencia a 4 afectados con consumo el día 9 de agosto y con confirmación de la presencia de la toxina el día 29 de agosto. La empresa de supermercados DIA, comercializadora del producto, retiró el producto de la comercialización el día 10 de agosto (según informa un comunicado de esta empresa). Y la conservera Frinsa, fabricante de la conserva, en su comunicado, indica que sólo ha afectado a una única lata, de un único lote y que los análisis del resto del lote han resultado satisfactorios.

Esta alerta no ha alcanzado la categoría de crisis, pero también permite algunas consideraciones, de las que se puede seguir aprendiendo. Ha resultado curioso como, por ejemplo, en algunos medios se ha denominado "botox" al causante de la contaminación, aunque luego se ha rectificado (siendo cierto que el botox es toxina botulínica, no es apropiado denominarla así en este caso). Un usuario de Twitter, @CharlieTorres, informaba de que la lata afectada es de 900 gr, pero en las noticias aparecían imágenes de latas mucho más pequeñas y además indica que le ha parecido que las informaciones de los medios eran excesivamente alarmistas.

La conclusión, después de este "agitado" mes de agosto (y eso que no hemos hablado de la crisis del minoxidil-omeprazol), es que todavía nos queda para avanzar en la comunicación de las crisis sanitarias y de salud pública y que se sigue requiriendo trabajar este aspecto y resaltar la importancia del mismo. Las crisis no aparecen todos los días, afortunadamente, pero siempre habrá alguna en el horizonte y los responsables políticos, por muy sanitarios que sean, deberían conocer esto, que todavía no se estudia de manera reglada en los curricula académicos (salvo excepciones). Y se debería trabajar más en contacto con los medios de comunicación, teniendo preparada, por parte de los técnicos de vigilancia, los que trabajan de verdad y bien esforzadamente en cada crisis, una información simple pero adecuada para poder facilitar rápidamente a los medios.

Terminamos con las diez premisas básicas acerca de la comunicación en una crisis, según Mónica Niño Romero, en su página Comunicación Activa
  1. Debe ser un portavoz autorizado.
  2. Debe haber una sola fuente oficial.
  3. Así nos adelantamos a otros testigos o fuentes secundarias.
  4. Escuchar y pensar antes de declarar.
  5. Responder siempre, no decir ‘sin comentarios’.
  6. No ver a los periodistas como enemigos, sino como aliados.
  7. Periodicidad, regularidad y cumplimiento de plazos a la hora de informar.
  8. Preservar la intimidad de las víctimas de lo ocurrido.
  9. Humanizar el incidente y sus consecuencias.
  10. Transmitir serenidad y seriedad con calma y con una voz tranquila.

sábado, 1 de septiembre de 2018

El efecto salida o empujón: el caso de las enfermeras

En estos días, que tanto se habla de inmigración y del "efecto llamada", parece conveniente recordar que, entre las personas nacidas en España, también está presente el fenómeno de la emigración, lo que las convierte en inmigrantes en otros países. Y si se van a otras tierras es precisamente a trabajar. Se trata de personas bien formadas, muy bien formadas, y por eso son aceptadas y, en ocasiones, especialmente requeridas precisamente por ello.

Nos trae todo esto a colación, un artículo publicado como Avance "online" en Gaceta Sanitaria titulado "Estudio de las noticias publicadas en prensa del éxodo de enfermeras españolas al Reino Unido", del que son autores Miguel Rodríguez-Arrastia, Carolina Moreno-Castro y Carmen Ropero-Padilla. 

En este trabajo se ha estudiado la representación en los medios de comunicación (diarios de información general) del éxodo de las enfermeras españolas al Reino Unido, realizando un análisis de contenido, cuantitativo y cualitativo, que abarca el período desde el 1 de enero de 2007 hasta el 31 de diciembre de 2016 (es decir, desde el inicio de la crisis económica hasta el año del referéndum del Brexit en el Reino Unido).

Los autores resaltan que las noticias sobre las enfermeras emigrantes han destacado, por encima incluso de otros profesionales, en la agenda de los medios, y que estos, los medios de comunicación, han ejercido un papel importante en la difusión de noticias sobre la emigración de sanitarios, especialmente en el caso de las enfermeras, desde que se comenzó la crisis económica en España, a finales del año 2007.

Una afirmación que destaca es que "el tono del 97% de los documentos analizados es negativo. Es decir, se transmite la idea de un colectivo precario y sin expectativas laborales, cuyo único horizonte es la emigración".

Y no nos resistimos a reseñar cómo finaliza el artículo, en el que se establece que existe, por un lado, un discurso oficial en el que se ha pretendido enmascarar el éxodo de las enfermeras como un "espíritu aventurero", que en algunos textos hablaba también de la extraordinaria formación que tienen las enfermeras. Y, por otro lado, están los artículos que recogen un discurso social, con los relatos de vida de las enfermeras emigradas, reconstruyendo los verdaderos motivos que han llevado a buscar mejores oportunidades laborales, y por consiguiente promoviendo un efecto salida.

La conclusión del artículo es que "la prensa promovió el "efecto salida" de las enfermeras para emigrar al Reino Unido" y que se "ha transmitido un mensaje claro: emigrar es la solución".

Tengámoslo presente cuando leamos estos días acerca de los motivos que llevan a las personas a salir de sus países y cuando se hable de "efecto llamada": también existe el "efecto empujón" o "efecto salida", aquí y en otros países .


sábado, 23 de mayo de 2015

Ni de ciencias ni de letras

Una disyuntiva clásica cuando se llega al comienzo de los estudios de secundaria (si es que se pueden seguir llamando así ahora) ha sido desde siempre ¿ciencias o letras? Los que ya vamos teniendo una edad recordamos en aquel antiguo bachillerato (anterior incluso a la EGB), el desgarro que incluso se producía cuando inseparables compañeros de clase, desde hacía muchos cursos, debían tomar caminos distintos porque en un caso la elección había sido ciencias y, en el otro, letras. Junto con ese desgarro emocional se introducía en nuestras cabezas la idea de que estas dos ramas eran antagónicas: si habías elegido una ya quedabas excluido de la otra para siempre. Y muchas leyes educativas después parece que la situación no se ha modificado gran cosa.

Así que, si te dedicas a la comunicación es que eres de "letras" y si te dedicas a la rama sanitaria o biosanitaria, pues eres de "ciencias". Y en ese caso, lo que hagan "los otros" no va contigo y no tienes ni por qué entenderlo. Gran error. Y así nos va.

Este esquema se ve muy patente en lo que ocurre, como ya hemos comentado aquí en otras ocasiones (véase por ejemplo "Epidemiología: la noticia"), en la comunicación de la ciencia. Incomprensiones, malos entendidos, malas interpretaciones y demás zarandajas pueden suceder cuando interaccionan quienes trabajan en los medios de comunicación con quienes utilizan la ciencia como método de trabajo, no necesariamente solo con los que están en el ámbito de la salud. Y si eso le añadimos la abstracción matemática el esfuerzo de comprensión ya supera lo estándar. Las matemáticas tienen mala fama para mucha gente y la estadística, pese a su aplicación más concreta, también resulta incomprensible para muchos. Así que cuando se juntan un sanitario, un estadístico y un comunicador parece que nada bueno puede salir. Y es justo lo contrario: todos pueden potenciarse.

Por eso es necesario que se tiendan puentes que ayuden a la comprensión del trabajo de los unos y los otros. Uno de esos puentes está representado por actuaciones como la Jornada de Bioestadística para periodistas y comunicadores que coorganizan la Asociación Española de Comunicación Científica y la Fundación Dr. Antoni Esteve y que tendrá lugar en Valencia el próximo día 10 de junio. En ella se pretende, según nos cuentan los organizadores, "aportar una formación básica para interpretar los resultados de la investigación biomédica y aclarar los principales problemas que plantea la información con estadísticas". Por cierto, mensaje para los organizadores: ojito con la terminología, porque no es lo mismo "estadísticas" que "estadística", pese a que el diccionario de la Real Academia o la Wikipedia no las distingan.

En esta jornada se incluyen talleres prácticos con ejemplos de estudios reales y debates entre estadísticos sobre los retos de la información biomédica. Para ir abriendo boca puede refrescarse el muy interesante y delicioso debate que tuvo lugar hace ya unos años (¡en 1999!) en la XVII Reunión Científica de la Sociedad Española de Epidemiología entre Luis Carlos Silva y Álvaro Muñoz ("Debate sobre métodos frecuentistas vs bayesianos").

Un argumento más para que os animéis a asistir: Pearson decía que la estadística es la gramática de la ciencia. Seguro que no os imagináis escribir sin conocer gramática. 


Para inscripción: pincha aquí

sábado, 18 de abril de 2015

Curiosidad y comunicación

La curiosidad es algo innato en el ser humano. En quienes se dedican a la ciencia, además, es una cualidad clave y claro, cuando uno no sabe algo, la curiosidad se incrementa y lo lógico es preguntar y preguntarse.

Es lo que hacía muy recientemente Fernando Rodríguez-Artalejo con referencia al dictamen encargado por el Defensor del Pueblo Andaluz (DPA) sobre el exceso de mortalidad y morbilidad en el campo de Gibraltar. Así, por lo menos lo recogía el diario "Huelva Información" que titulaba "Tengo curiosidad por saber qué fue del estudio del Defensor". Habida cuenta de que Rodríguez-Artalejo fue el coordinador de ese Dictamen, encargado a la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), y que puede encontrarse en la página web de la Oficina del DPA, este hecho resulta llamativo.

Unos pocos días antes de esa noticia, el DPA emitía una resolución en la que recomendaba que se diera cumplimiento efectivo a las recomendaciones contenidas en el Dictamen evacuado por la SEE en marzo de 2014 (esa fecha la marca la resolución, porque el dictamen está fechado en julio de 2013). De hecho unos días después se recogen unas declaraciones del DPA, Jesús Maeztu, que el diario "Huelva Información" titula: "El Defensor pide un estudio definitivo para explicar el exceso de mortalidad".

Sin entrar en el fondo del asunto, parece importante resaltar que una de las recomendaciones del Dictamen de la SEE es que "Es deseable poner en marcha un sistema ordenado de difusión a la ciudadanía de este dictamen y de los nuevos conocimientos que se vayan generando sobre el estado de salud de la población de El Campo de Gibraltar. [...] Todo ello favorecerá la convergencia entre el riesgo real para la salud derivado de residir en El Campo de Gibraltar y el riesgo percibido por la población. También favorecerá la participación de la ciudadanía en las decisiones para mejorar las condiciones de vida y la salud en la zona".

Si ni siquiera el coordinador del dictamen está enterado de los pasos que se han dado durante un año, no parece que el sistema de difusión esté funcionando. Y eso también ha sido mencionado por la Oficina del DPA en la entrevista citada que destaca "lo que considera un "evidente" problema de falta de confianza entre una parte de la población onubense y las administraciones competentes, "posiblemente como consecuencia de unas políticas informativas bastante desacertadas y poco adecuadas en el pasado, que se traduce en una notoria desconfianza y falta de receptividad hacia cualquier información relacionada con esta cuestión procedente de organismos e instituciones públicas".

Pues no parece que sea sólo cosa del pasado. Tendría que empezarse por la comunicación ¿no?    

Imagen tomada de El País


viernes, 5 de diciembre de 2014

¿Es la epidemiología una ciencia?

¿Está basada la salud pública en parámetros científicos? ¿Importa la comunicación en la ciencia? 

Hoy vamos a contar una experiencia personal, anecdótica si se quiere. Hace unas semanas la Red de Universidades Valencianas para el Fomento de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (RUVID) organizó unos talleres de comunicación social de la ciencia. Quienes impartieron cada taller eran muy entendidos en cada una de sus disciplinas. En estos talleres abundaron los investigadores y mayoritariamente los dedicados a ciencia básica, mientras que los sanitarios (aplicados o básicos) estaban bastante ausentes. 

Poco después la revista "Viure en Salut" ha celebrado su número 100 (y sus 26 años) con una Jornada titulada "Comunicando salud" (con unos ponentes muy interesantes). A ella asistieron básicamente sanitarios, muchos de ellos salubristas, y pacientes y, pese a celebrarse en un edificio en el que trabajan muchas personas dedicadas a la investigación en salud, ha habido una ausencia clamorosa de investigadores entre los asistentes.

Tal vez no es apropiado, ni científico, sacar conclusiones de sólo dos experiencias, pero resulta llamativo que si el título se refiere a comunicar ciencia acudan los investigadores y si en cambio está referido a comunicar salud acudan los sanitarios.

Volvemos a las preguntas iniciales pero ahora cambiadas ¿no le interesa la divulgación de la ciencia a los salubristas? ¿no le interesa la comunicación en salud a los investigadores de la salud?

Esperemos que la respuesta no sea que los salubristas, los sanitarios, no consideren que lo suyo sea ciencia y que tampoco sea que los investigadores (los llamados científicos) piensen que lo suyo es sólo ciencia y que no tiene que ver con la salud (y su relación con la comunicación).

Imagen tomada de Taringa!

jueves, 7 de agosto de 2014

Los mensajes en los tiempos del Ébola

Y tenemos que volver a hablar de la enfermedad por virus Ébola a raíz de la repatriación del cooperante español enfermo que estaba en Liberia, y de una compañera suya, al parecer todavía no infectada.

¿No hubiera sido mejor enviar ese avión lleno de personal sanitario y de equipamiento apropiado para que tratarán sobre el terreno a este español infectado y a mucha más gente? Y no nos estamos refiriendo sólo al aspecto económico sino, y sobre todo, a la potenciación de las estructuras locales para hacer frente a la epidemia. De esta manera se hubiera asegurado una buena atención de nuestro compatriota y también de todos sus compañeros sobre el terreno, sin importar además la nacionalidad de los mismos, pues la repatriación solo de los nacionales transmite un mensaje nada humanitario.

En África occidental en los países afectados, el personal sanitario escasea, además han muerto o están infectados un parte de los mismos, y los demás tienen miedo. Algo muy humano, si además los recursos son insuficientes o inadecuados para poder tratar a los enfermos.

El mensaje transmitido con la repatriación deja sin argumentos, y sin recursos, al pueblo y a las autoridades locales. Les estamos diciendo que ellos no nos importan, porque lo importante es la nacionalidad, no el control de la situación.

Sería más barato, y sobre todo más efectivo, ayudar (material, equipamiento,...) y cooperar sobre el terreno ¿por qué  no lo hacemos?







viernes, 11 de julio de 2014

Comprendiendo el cáncer

"Uno de los grandes retos para los periodistas que escriben sobre "cáncer" es que el cáncer no es una enfermedad sino más de 200".

Este es una de las frases entresacadas de "Making sense of cancer - A journalist's guide". Se trata de una publicación elaborada por el equipo de medios de la European School of Oncology y que surge dentro de la EPAAC Joint Action (European Partnership for Action Against Cancer).

Es una guía muy completa, tal vez excesivamente larga y detallada para la finalidad a la que va dirigida, pero se agradece el rigor con el que están tratados los diferentes asuntos. Y también son muy interesantes los ejemplos que se utilizan, a menudo abordados desde un punto de vista crítico.
Algunas de sus afirmaciones, como por ejemplo esa de que los periodistas deben ser capaces de entender las estadísticas de los artículos científicos y presentarlas de manera que tengan sentido para su audiencia, pueden parecer excesivas. Pero también hay que reconocer que otras de sus explicaciones son también útiles no solo para los periodistas, sino que incluso pueden ser utilizadas para la formación de profesionales en salud pública y epidemiología.

En definitiva, es un buen texto, riguroso, amplio, útil para periodistas y para más. Pero con el handicap de su tamaño. 


Imagen tomada de "Making sense of cancer - A journalist's guide"

martes, 20 de mayo de 2014

Epidemiología: la noticia

En la contraportada del periódico "El País" de hoy mismo aparece un biólogo dicharachero, llamado Ricardo Moure, que ha ganado el concurso de monólogos científicos Famelab España 2013 con el monólogo titulado "La venganza de los adipocitos" que contiene perlas como "Obesos y obesas, gente de huesos anchos, debemos tratar mejor a nuestra grasa. En nuestras cartucheras hay seres que sufren”. Se trata, sin duda, de una manera de acercar la ciencia a todo el mundo, incluso a aquellos que dicen que no les interesa.

Y es que nuestra manera de llegar a la ciencia es variada. Uno de los mecanismos, a veces el único, es a través de los medios de comunicación. Y ahí sabemos que puede ser una lotería entre lo que se dice, cómo se dice (o se ilustra), lo que se entiende, lo que se interpreta y lo que se quiere entender. Y si esto ocurre con la ciencia en general, no hace falta ser un genio para imaginar lo que ocurre en el ámbito de la epidemiología: ya expusimos un ejemplo en la entrada titulada "Realidad, noticias y gripe". 

Para tratar de paliar algo de esta falta de entendimiento, la Fundación Dr. Antonio Esteve y la Asociación Española de Comunicación Científica organizan una "Jornada de Epidemiología para Periodistas y Comunicadores". Esto, en si mismo, ya es una gran noticia. Tratar de acortar la brecha existente es siempre loable. Tal vez, también sería interesante una jornada más amplia en la que comunicadores y quienes trabajan en epidemiología debatieran o conversaran con el público en general (con la población) acerca de cómo se entiende lo que se hace y lo que se dice. Y qué es lo que interesa.

También cabe el "pero" del objetivo mismo de la jornada que se anuncia: "ofrecer las claves indispensables para entender los estudios epidemiológicos y poder informar de ellos con mayor rigor". No sólo es epidemiología la contenida en los estudios epidemiológicos. Hay más. Pero a la vista de los participantes, y del programa, no cabe duda de que se abordarán más aspectos.

Que la ciencia tome conciencia real de su papel en la sociedad, que los medios de comunicación así lo entiendan y lo transmitan, que esa transmisión sea correcta y no sesgada y que la ciudadanía lo entienda, participe, lo apoye y confíe. Ese es el camino y no otro. La alternativa es siempre peor y nos pasará factura. Además, sería contraproducente, pues tal y como afirmaba el monologuista científico ganador del concurso, "la venganza es un plato que se sirve con tocino".


Imagen tomada de http://starvingneuron.com/extra-extra-comunicacion-en-ciencia/

viernes, 20 de septiembre de 2013

Dos naranjas y un limón


La historia narrada por el oficial médico de la marina británica James Lind en su libro de 1753 titulado “A Treatise of The Scurvy in Three Parts, Containing an Inquiry into the Nature, Causes and Cure of That Disease, together with a Critical and Chronological View of What has been published on the subject”, ilustra bien a las claras un planteamiento científico, adaptado a la época, para tratar de describir una enfermedad, averiguar sus causas y conseguir prevenirla. Puede gozarse de esta interesante lectura en el extracto publicado en el libro “El Desafío de la Epidemiología”.

Lind utiliza un cierto entusiasmo científico, sazonado con su experiencia marina, para narrar las causas del escorbuto y, a continuación, describir como realizó los, por el mismo denominados, “experimentos”. Dejémosle narrar:

“El 20 de mayo de 1747, recibí a bordo del Salisbury en alta mar a 12 enfermos con escorbuto. Sus casos eran los más similares que se podían encontrar. Todos en general tenían las encías podridas, manchas y lasitud, con debilidad de las rodillas. Fueron encamados juntos en la bodega anterior, en un cuarto previsto para los enfermos; y todos tuvieron la misma dieta, que era como sigue: por la mañana, gachas endulzadas con azúcar; para el almuerzo, con frecuencia caldo de cordero fresco; otras veces budines, galleta cocida con azúcar, etc.; y para la cena, cebada, pasas de Corinto, arroz y pasas, sagú y vino, o algo parecido. Dos enfermos recibían diariamente un cuarto de galón de sidra. Otros dos tomaban 25 gotas del elixir de vitriolo tres veces al día con el estómago vacío, y utilizaban para la boca un gargarismo fuertemente acidulado con este elixir. Otros dos tomaban dos cucharadas de vinagre tres veces al día con el estómago vacío, y sus gachas y otras comidas estaban bien aciduladas con este, así como el gargarismo para la boca. Dos de los enfermos en peor estado, que tenían rígidos los tendones del muslo (síntoma que no padecían los demás), fueron sometidos a un régimen de agua de mar. De esta, bebían media pinta cada día, y a veces más o menos, a medida que actuaba como una medicina discreta. Otros dos recibían cada uno dos naranjas y un limón cada día. Comían estos con avidez en horas diferentes con el estómago vacío. Continuaron este régimen solo durante seis días, porque agotaron la cantidad disponible. Los dos enfermos restantes tomaban la semilla de una nuez moscada tres veces al día y una mezcla recomendada por un cirujano hospitalario, la cual se componía de ajo, semilla de mostaza, rad. raphan. bálsamo del Perú y resina de mirra, y su bebida normal era hordiate bien acidulada con tamarindos, mediante una decocción de la misma, añadiéndole crémor tártaro, y fueron purgados suavemente tres o cuatro veces durante el transcurso del tratamiento.
La consecuencia fue que los efectos más repentinos y visiblemente buenos se percibieron por el consumo de naranjas y limones; uno de los que los habían tomado estaba en condiciones para el servicio al cabo de seis días. Efectivamente, las manchas no habían desaparecido completamente de su cuerpo, ni tampoco estaban sanas sus encías; pero sin otra medicina que un gargarismo con elixir de vitriolo llegó a gozar de buena salud antes de llegar a Plymouth, el 16 de junio. El otro estaba más recuperado que ninguno de los otros casos, y como estaba considerado como relativamente recuperado, fue nombrado como enfermero de los demás”.

Como puede verse, describe perfectamente el apartado “material y métodos” de su experimento. Hoy en día habría tenido dificultades para publicarlo ya que se habría aducido sesgo de selección, falta de aleatorización, muestra escasa,…Pero en la época de Lind esto no se consideraba en demasía. Pese a ello, tuvo escaso éxito y no consiguió que sus conclusiones fueran aplicadas y los marineros del todo el mundo siguieron sufriendo escorbuto y, como se cuenta en la discusión previa en “El Desafío de la Epidemiología”, no fue hasta después de 1789, tras la publicación de Gilbert Blane, “Observation on the Diseases of Seamen”, cuando la marina británica tomó las medidas necesarias para luchar contra el escorbuto.

La moraleja de la historia es que gracias a las ganas de conocer, y al interés por investigar pueden obtenerse conclusiones acertadas (aunque el método no sea el mejor de los posibles), pero nada de eso asegura la difusión adecuada ni que se convenza a aquellos que deben aplicar los resultados obtenidos para mejorar la salud.
 
 
James Lind (1716-1794)
 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Epidemiología en el plató

Cuando uno tiene que acudir a un plató de televisión para defender la causa salubrista (como me pasará a mi en breve) una de las pesadillas en imágenes que pueden venirle a la mente es la secuencia con la que empieza la película "Gracias por fumar", una cinta que tendríamos que hacer que fuera de obligada visión en cualquier Máster de Salud Pública que se precie de serlo.



Ron Goodie, el experto de los servicios de salud, queda en mal lugar debido al dominio de la situación (y un anuncio espectacular) que hace Nick Naylor que actúa en nombre de la industria tabaquera. No desvelamos la trama si además contamos que, en esta película, se muestra el trabajo de un comunicador muy efectivo que, por desgracia, no trabaja a favor de la salud pública, sino en el bando contrario.

Ya hemos comentado con anterioridad ("La habilidad de comunicar") la importancia de la comunicación efectiva (y hay varios sitios que no los recuerdan como "El Arte de Presentar" o "Habla por ti") y la necesidad de estar preparado para ella.

En nuestro caso, si la formación e información que se ha recibido o adquirido no es suficiente para salir mejor parado que Ron Goodie, sólo nos queda encomendarnos a alguno de los santos que aparecen como patrón de los comunicadores (San Francisco de Sales, San Rafael,...). Aunque, como en estos trances todos están para comunicar, es posible que en una tertulia estén las mediaciones del santo repartidas....






miércoles, 9 de enero de 2013

No me chilles que no te veo

El título de esta película de hace mucho tiempo nos viene como anillo al dedo para ilustrar las dificultades de comunicación: unos se quejan de que no ven cuando otros lo que hacen es chillar. Y es que eso pasa muy a menudo: creemos que estamos hablando el mismo lenguaje y, a veces, ni siquiera estamos hablando. Por eso no nos oyen y no nos comunicamos.
En los sistemas de información también pasa y por eso se ha definido un término con un "palabro" complicado: "interoperabilidad". Expresa, según el "Standard Computer Glosary", la capacidad de dos o más sistemas o componentes de intercambiar información y de utilizar la información que se ha intercambiado. Se trata de que los sistemas, y quienes los usan, no sean cerrados sino que se comuniquen y que nos entendamos. Elemental, ¿no?.
De vital importancia hoy en día cuando todo "está en el ordenador". Y cada vez más importante en el ámbito sanitario donde el papel está siendo, afortunadamente, cada vez más arrinconado y sustituido por los medios electrónicos (historia electrónica, receta electrónica,...). Pero, ¿hablan todos los sistemas de información sanitario en el mismo idioma? ¿o unos chillan y otros no ven?.
Es necesario recurrir entonces a las dimensiones de la interoperabilidad: organizativa, técnica y semántica (cuyas definiciones pueden encontrarse en el Real Decreto 4/2010, de 8 de enero, por el que se regula el Esquema Nacional de Interoperabilidad en el ámbito de la Administración Electrónica). Y aquí, en el campo sanitario, es donde la interoperabilidad semántica tiene más camino que recorrer, o que allanar, para ser más exactos. Y es que se refiere a que la información intercambiada pueda ser interpretable de forma automática y reutilizable por aplicaciones que no intervinieron en su creación. Es decir que el contenido del intercambio de información esté definido de una manera no ambigua: que lo que se intercambia sea entendido de la misma manera en ambos sistemas.
Y esto.... Pues no parece tan fácil. Tiene mucho que ver con cómo se recogen los datos (edad o fecha de nacimiento, por ejemplo), qué se recoge (¿un motivo de consulta o un diagnóstico?), y también a cómo se codifica.
La codificación...Ufff. Parece que ocasiona sarpullidos: "es tan reduccionista" dicen algunos, "no hay ninguna buena" dicen otros, "que lo hagan los demás" dice una mayoría. Pero los sanitarios tenemos que ser capaces de comprender que un literal, un campo texto que se llamaba antiguamente, es difícilmente tratable por los actuales sistemas de información, por lo que será necesario utilizar codificaciones. Y también que no hay un único sistema de codificación, y que no hay una traslación automática unívoca y no ambigua entre diferentes sistemas.
Sin duda, cuando utilizamos un código, perdemos matices pero ganamos en potencia. Y beneficiamos a toda la población, ya que la utilización de ese dato codificado (esperemos que bien codificado) permitirá la atención de un paciente en otro ámbito con un mejor conocimiento de su historia, o contribuirá al conocimiento de la historia natural de una enfermedad, o será un elemento crucial en la vigilancia de salud pública o en la investigación.
En definitiva que cuando nos veamos que sea porque nos estemos mirando, no chillando.


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Seguimos mirando a los ojos de la comunidad

Evaluar no es fácil. Y hacerlo sobre una iniciativa colectiva menos aún. Y si eso le añadimos que es una iniciativa "dospuntocérica", pues.... En este cumpleaños de "Mírame, Diferénciate" nos piden que echemos una mano en esa evaluación y a ello vamos. A intentarlo, al menos.
Parto de la base que en el campo en el que nos movemos (la epidemiología y la salud pública) no suele haber contacto directo con pacientes de forma individual, pero sí que hay contacto con la comunidad, con grupos de población, ya sea este contacto directo o por medios interpuestos. Y por ello, ya intentamos lanzar un apoyo a "Mírame, Diferénciate" mediante una entrada que publicamos hace casi un año ("Mirando a los ojos de la comunidad").
En ella proponíamos seguir los principios de #diferencia_T, pero con otra práctica: partir de que, en salud pública, la comunicación es indispensable, y de que la comunicación  "necesita de la participación de todo el conjunto de profesionales que configuran el servicio sanitario, la presencia y la escucha en la relación con el paciente (en definitiva también con la población, con la comunidad), la formación en comunicación no verbal (es decir también la actitud), que los profesionales sanitarios (también los de salud pública) reflexionemos sobre nuestras habilidades comunicativas, integrar las dimensiones técnicas y humanas como inseparables".
Y...pues. En materia de comentarios: a esta entrada pocos (para ser exactos: ninguno). Ha recibido, hasta hoy, 65 visitas, lo que la sitúa en la parte baja de la clasificación. Pero ha dado pié a una línea que hemos seguido en este blog, referida a subrayar uno de los aspectos que nos parecían vitales para mirar a los ojos a la ciudadanía: que la información, veraz y oportuna (sobre salud) esté al alcance de todos. Hemos dedicado diferentes entradas en este año 2012 (y algunas antes) a este aspecto y pensamos seguir haciéndolo.
 
¿Es esto suficiente?. Es evidente que no. Hay más camino que recorrer y por ello vamos a seguir mirando a los ojos de la comunidad. Seguiremos, como decíamos hace casi un año, con los pequeños gestos. Volvemos a preguntar, volvemos a preguntarnos:
¿cuántas veces nuestra actitud (técnica) es la que no ha favorecido la participación, o cuántas veces hemos considerado que unos datos eran "nuestros"?.

foto para concurso mirame #Diferencia_T2012 on Twitpic
Foto del concurso de Mírame, Diferénciate
http://twitpic.com/85a2zc

También en salud pública

lunes, 9 de julio de 2012

Prevención, daño y comunicación

Hoy muy cortito, porque ya está (casi) todo escrito.
Simplemente recomendar la lectura del artículo escrito por Andreu Segura en Gaceta Sanitaria titulado "La supuesta asociación entre la vacuna triple vírica y el autismo y el rechazo a la vacunación".

Es salud pública en estado puro.

A resaltar una de las frases finales del mismo, con respecto a las intervenciones preventivas: "es más fácil obtener la confianza de la población rindiendo cuentas y dando explicaciones adecuadas sobre el impacto real de las intervenciones, lo que evitaría expectativas exageradas o poco racionales y la consecuente frustración".



martes, 19 de junio de 2012

Comunicación y cáncer

Como vienen haciendo con periodicidad, la Fundación Vila Casas y el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universitat Pompeu Fabra han publicado su informe correspondiente a 2011. Éste, denominado Informe Quiral, es un estudio de investigación sobre un tema de salud determinado y su impacto o efecto en los medios de comunicación. En esta ocasión el tema monográfico es el cáncer. Puede accederse a una versión reducida del informe o a su versión completa.
Las conclusiones de estos informes son siempre interesantes, y en esta ocasión tampoco defraudan.

Y así, por ejemplo, destacan que ciertos tipos de tumores concentran la atención periodística más que otros. Y así, por ejemplo, el cáncer de mama es el más presente en los medios. Utilizando las propias palabras del informe esto indica que "los medios de comunicación no son un “reflejo exacto la realidad” sino un reflejo de una parte de ésta, una parte seleccionada según criterios periodísticos y según la influencia que puedan tener las diferentes fuentes, los sistemas de producción y el propio entorno empresarial en el que se producen". Algo que tenemos que tener en cuenta (y que habitualmente no hacemos) cuando seguimos las informaciones sobre salud.
Otro de los aspectos que destaca el Informe Quiral 2011 es que, parece que desde hace mucho (y hablamos desde 1851, al menos) en la información sobre cáncer aparecen frecuentemente productos y terapias sin base científica, y que éste aspecto se ha visto agudizado con la aparición de las redes sociales donde, se afirma, ocupa un lugar a veces muy superior al que tiene la información basada en evidencias científicas.
Entre las recomendaciones del informe está el profundizar en sistemas que permitan a la ciudadanía beneficiarse de las ventajas de la red y, a la vez, que eviten que sean objeto de engaños interesados. Proponen:
  1. Fomentar, desde la infancia, que la cultura científica forme parte integral de la educación.
  2. Que los medios de comunicación no bajen la guardia en su profesionalidad.
  3. Aprovechar las posibilidades que ofrecen las redes sociales (proporcionar información, apoyo social, apoyo emocional, apoyo instrumental, apoyo a la autoestima) y que las organizaciones y asociaciones aprendan a sacarles partido.
  4. Que los profesionales sanitarios integren las herramientas de comunicación actuales (blogs, redes sociales, etc.) en las relaciones con sus pacientes y con la sociedad en su conjunto.

Absolutamente de acuerdo. Menos miedos y más atrevimiento. Incluso en la situación actual, educación, ética profesional, comunicación, e innovación son las herramientas que hay que utilizar para mejorar la salud de la población. ¿O no?.



Referencia de autoría del Informe:
Revuelta G., De Semir V., Armengou C. y Selgas G. Informe Quiral 2011: Cáncer. Fundación Vila Casas y Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra. Barcelona, 2012

domingo, 8 de enero de 2012

Apocalipsis zombi

El 16 de mayo de 2011, los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) publicaron en su web una entrada titulada "Zombie Apocalypse". Y la cosa iba en serio. ¡Vaya!.
Se trataba de recalcar qué cosas son necesarias y como actuar en casos de emergencias, como desastres naturales (huracanes, terremotos, etc...) o similares. Para valorar la necesidad de ello, sólo tenemos que recordar las catástrofes naturales acontecidas en España en el último año (terremoto de Lorca, erupción en la isla del Hierro, inundaciones...).
La cuestión es que el éxito de la entrada ha llevado a que los CDC desarrollen toda una serie de secuelas y productos derivados. Además de camisetas, widgets y cosas parecidas, los CDC han elaborado una novela gráfica que trata de escenficar de una manera muy visual sus recomendaciones.
Todo un éxito de comunicación de los CDC: utilizar un tema (por increible que parezca) que está de actualidad, para reforzar un mensaje. Chapeau.
Es cierto que ese entorno de actualidad ha ayudado, pero se trata de llevarlo a la práctica, asumiendo el riesgo que para una institución como los CDC representaba utilizar este tema tan poco convencional para la comunicación. ¿Cuántas organizaciones en nuestro país se hubieran atrevido a hacerlo así?.
También cabe decir que no fueron los primeros ya que en PubMed podemos encontrar en la literatura científica hasta 55 referencias cuando buscamos la palabra "zombie" o "zombies": ¡la más antigua de ellas es de 1972!.
Es interesante ver cómo los mensajes de salud pública pueden llegar a la comunidad de formas diferentes a cómo pudiéramos imaginarlos. Hay que tomar nota.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Un brote de polio en 1944: a propósito de la percepción y comunicación de riesgos

La última novela de Philip Roth, "Némesis", está ambientada en Newark, New Jersey, en el verano de 1944 durante un brote de polio. Y ya ha inspirado más de un comentario, entre ellos el acertado, "A la altura de las circunstancias", en el número 47 de "Gestión Clinica y Sanitaria" por parte de Manuel Arranz.
Esta novela es recomendable desde varios puntos de vista, y el de la salud pública no es el menor de ellos, ya que retrata el comportamiento de una sociedad ante lo desconocido: la actitud que toma frente a una enfermedad que ataca sobre todo a los niños, y ante la qué no se conocen medidas efectivas.
Pero es de interés resaltar también un aspecto, citado de pasada, como es la diferencia entre la percepción del riesgo desde el punto de vista poblacional y el individual. En un determinado momento el protagonista, Bucky Cantor, está hablándoles a los niños que asisten al centro de verano acerca de la polio y de lo que ha acontecido a dos compañeros suyos, Alan y Herbie, que han contraido la enfermedad y fallecido a causa de ella. Ante la afirmación del señor Cantor de que la mayoría de los casos de polio son relativamente leves, uno de los niños, Bobby, responde "Puedes morir. Alan y Herbie han muerto". Y el señor Cantor trata de tranquilizarle diciendo: "Sí, puedes morir, pero las probabilidades de que eso ocurra son escasas". A lo que replica Bobby "Sin embargo, no fueron escasas para Alan y Herbie" . Y entonces el señor Cantor utiliza una frase que a los salubristas en general, y a los epidemiólogos en particular, les sonará: "Quiero decir que las probabilidades son escasas en el conjunto de la comunidad, en la ciudad". Ante ello insiste Bobby "Eso no ayuda a Alan y Herbie".
Ambos asuntos son cruciales cuando se afronta una situación como esta: lo que opina y percibe la población (habitualmente a nivel individual) y lo que opinan, conocen y comunican los profesionales (usualmente a nivel comunitario). Peter Sandman, un experto en comunicación de riesgos, describe esta situación, en “Risk Communication: Facing Public Outrage”, utilizando un ejemplo que todos comprenden: “Imagine a un jefe de policía insistiendo que un pederasta ocasional es un riesgo aceptable”.
Para Sandman, hay que ser capaz de comprender que, en estas situaciones, el riesgo debe ser considerado la suma de "peligro" ("hazard") y de "indignación" ("outrage") y que la población no presta una atención excesiva al riesgo, mientras que los expertos no se la prestan a la indignación.
Por eso califican, o categorizan, los riesgos de manera diferente. Hay que ser consciente de ello.

Entradas relacionadas: "La habilidad de comunicar"





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...